Enfrentar la catástrofe
Si la realidad no se puede tapar, es mejor enfrentarla. Y si se puede tapar, también es mejor enfrentarla.
Si la realidad no se puede tapar, es mejor enfrentarla. Y si se puede tapar, también es mejor enfrentarla.
Por lo general, nuestra intransigencia a desviarnos del camino que planeamos, es la mayor causa de que perdamos el rumbo. Cuanto más abiertos estemos a transitar caminos imprevistos, más chances tenemos de llegar a algún lado interesante.
Tenemos que confiar en que estamos en el lugar exacto en el que debemos estar. Las experiencias dolorosas que nos pone la vida nunca se entienden mientras las estamos atravesando. El sentido de todas las vicisitudes de nuestro camino solo se comprenderá cuando lo hayamos transitado. Tenemos que aprender a confiar en la vida, y caminar sin miedo.
Algunas personas que vivieron experiencias traumáticas, desarrollan un secreto escepticismo como mecanismo de protección contra el dolor. "Mejor que no me entusiasme así después no me decepciono." Pero; ¿se puede vivir así? ¿Tenés miedo a que te pasen cosas buenas?
No vamos a ser más felices porque obtengamos más cosas de los demás. La verdadera plenitud pasa por averiguar quiénes somos, y alimentar ese ser auténtico para que crezca y nuestra vida se despliegue.
La paz y alegría no se pueden comprar. Dependen de un corazón sano, capaz de escuchar la verdad y vivir en consonancia con ella.
Muchas personas viven sintiéndose obligadas a responder. Deben cumplir con todas las expectativas y necesidades de los demás. Buena fórmula para perderse en la vida.
¿Cómo podrías amar a alguien al que no sos capaz de ver? Por lo general miramos a los demás desde nuestras propias carencias, nuestras propias necesidades. Somos incapaces de ver a quien tenemos enfrente, por lo cual mucho menos podremos amarlo.
En la medida que pasan los años, si no somos capaces de darle sentido a nuestra vida, nos iremos desconectando de nosotros mismos. Es el único mecanismo para no sentir todo el dolor que vamos acumulando.
Lleva mucho tiempo rehabilitarnos de nuestros fantasmas. En cierto sentido, lleva toda la vida. Pero el primer y decisivo paso es dejar de negarlos. Registrarlos y aceptarlos, para que dejen de manejarnos la vida.