Aprendiendo a llevarse a uno mismo
Sin verdad no hay libertad. Sin libertad, no hay amor. Y sin amor, no hay vitalidad ni vida.
Sin verdad no hay libertad. Sin libertad, no hay amor. Y sin amor, no hay vitalidad ni vida.
Nuestro corazón posee la información más importante de nuestra vida. No es posible ser felices ignorándolo. Y sin embargo, nos cuesta tanto entenderlo...
Los hijos son una excelente oportunidad para aprender a relacionarnos bien ...con nosotros mismos.
Muchas veces nos resulta imposible decir lo que sentimos o pensamos. Las causas y las manifestaciones de esa conducta pueden ser de lo más diversas. Pero tomar conciencia de esa dificultad que tenemos es el primer paso para dejar de ofendernos, enojarnos y culpar a los demás. Podemos elegir crecer.
Aceptar todo para evitar el conflicto, solo genera problemas aún mayores. Victimizarse o explotar por todo lo que no se dijo a tiempo, tampoco sirve. Si queremos crecer, tenemos que estar dispuestos a luchar incansablemente: hablar, plantear, insistir, gritar.
A veces nuestros esfuerzos por evitarles dolores a los demás, terminan agravándolos. De los dilemas, contradicciones y paradojas de la vida, se sale diciendo la verdad.
¿Se puede vivir evitando el conflicto? ¿Qué pasa cuando dejamos de ser lo que somos, solo para no pelear o no ser rechazados? ¿Cuál es el precio de sostener una conducta así?
Así como leer no es aprender, escuchar no es tomar conciencia. Para eso es necesario involucrar a todo nuestro ser en una situación. Y cuando eso ocurre, nos ponemos en marcha.
La vida puede ser comprendida mirándola para atrás, pero nunca para adelante. A la distancia, la mayoría de nuestro sufrimiento parece haber sido generado por asuntos poco relevantes. Y tal vez, su único sentido fue hacernos crecer.
De jóvenes tenemos planes de cómo debe ser nuestra vida. Con los años, aprendemos a agradecer por la vida que tenemos, aunque siempre difiera mucho de la que soñamos.