Comprender no es importante
Cuando la forma es más importante que el fondo, tenemos un problema serio.
Cuando la forma es más importante que el fondo, tenemos un problema serio.
Nos negamos a soltar lo que tenemos hasta tener garantizado lo que queremos. Pero la vida no funciona así y nos exige soltar sin tener certezas. Y ese momento es siempre un abismo.
La etimología de adicción es no poder decir. ¿Cómo no vamos a ser adictos cuando no podemos sacar lo que tanto no hiere, nos frustra, nos duele? Poder decir lo que nos pasa es sanador. Nos saca de nuestro aislamiento para integrarnos nuevamente al universo. La palabra puede ser redentora.
Einstein decía que una definición de locura era seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes. La vida nos lastima y hay heridas que de tantas repeticiones, es muy difícil sanar. Salvo que decidamos correr algún riesgo y dejemos de hacer siempre lo mismo que nos genera tanto dolor.
El dolor sólo es insoportable cuando nos centramos en nosotros mismos. Sino, puede ser la gran puerta para volvernos compasivos y conectar con los demás.
Reconocer nuestra culpa nos devuelve la libertad. Por más que demos vueltas, somos culpables. Si evitamos responsabilizar a otros o a las circunstancias, podemos recuperar el camino que perdimos y no sabemos cómo retomar.
A veces, los mecanismos adaptativos que desarrollamos para protegernos de los demás, nos mutilan.
Estamos convencidos que somos buenos. Que estamos más allá del mal. Esos problemas tendrán los demás, no nosotros. Condición ideal para destruirnos.
¿Qué epitafio te gustaría tener? Cuidado con lo que vas a contestar.
El corazón humano suele enfermarse de una patología mortal: la enfermedad de no creer más en nada. Pero la libertad puede curarnos, si es que queremos vivir.