De brújulas y atajos
¿Se pueden dar libres las materias de la vida? ¿O para aprobarlas hay que cursarlas con sangre, sudor y lágrimas? Tal vez lo importante no sea tanto el lugar al cual llegar sino más bien la dirección en la que moverse.
¿Se pueden dar libres las materias de la vida? ¿O para aprobarlas hay que cursarlas con sangre, sudor y lágrimas? Tal vez lo importante no sea tanto el lugar al cual llegar sino más bien la dirección en la que moverse.
Solemos creer que las personas que triunfan tuvieron suerte. Y sí, definitivamente es una parte del éxito. Sin embargo, detrás de grandes logros, siempre hay una persona que no aceptó los límites que la realidad trataba de imponerle.
Borges decía: "no existe instante que no pueda convertirse en un cráter del infierno; no existe instante que no pueda ser agua del paraíso; no existe instante que no esté cargado como un arma". ¿Cómo hacemos para seguir viviendo cuando nos enteramos de lo precario y frágil que es todo?
Solemos pasarnos la vida tratando de encontrar la felicidad fuera de nosotros. Resulta paradójico que ignoremos lo que expresa nuestro corazón, convencidos que encontraremos la felicidad en lo que la sociedad nos dicta. Hasta podemos llegar a convencernos que nuestra esencia, lo que somos, puede amenazar lo que debemos hacer para ser felices. Es exactamente al revés.
La vida puede ser como un barril sin fondo, en donde nada nos alcanza. Y sin embargo, nos estamos muriendo de hambre en medio de un banquete.
¿Temés pelearte por miedo a salir golpeado? Los que se mantienen siempre a salvo terminan aún más golpeados.
Vivir es bien difícil. El dolor del pasado puede destruirnos, y el miedo al futuro paralizarnos. Y tarde o temprano, la vida nos exigirá la determinación de Alejandro Magno para quemar las naves, como única forma de seguir adelante.
No nos gusta la incertidumbre. Pero la búsqueda de seguridades y certezas solo nos trae problemas más grandes.
El miedo es la emoción dominante de todo ser humano. Y todos los miedos remiten a uno, el miedo a morir. Nuestro cerebro no difiere mucho del cerebro primitivo, extremadamente sensible a riesgos que amenazaran la supervivencia. Y aunque hoy en día no estemos expuestos a esas situaciones, seguimos funcionando como hace millones de años.
La vida no es una obligación. Y si existe una principal, es la de conocerse y elegir cómo uno quiere vivir. En vez de cumplir con todas las expectativas o quejarnos por ello, debemos conocer cuáles son nuestras expectativas, posibilidades y armar nuestra vida desde ese lugar.