Héroes no glamorosos
La vida es paradójica y cambiante. Muchas veces, no podemos seguir lo que piden nuestros sentimientos. Y eso a veces, es una suerte.
La vida es paradójica y cambiante. Muchas veces, no podemos seguir lo que piden nuestros sentimientos. Y eso a veces, es una suerte.
De jóvenes tenemos planes de cómo debe ser nuestra vida. Con los años, aprendemos a agradecer por la vida que tenemos, aunque siempre difiera mucho de la que soñamos.
Si tuvieras que elegir entre ser feliz, o que tu ex que te abandonó tenga una vida miserable; ¿qué elegirías?
¿Creo en lo que hago? Y si no creo; ¿por qué lo hago?
Si la realidad no se puede tapar, es mejor enfrentarla. Y si se puede tapar, también es mejor enfrentarla.
Por lo general, nuestra intransigencia a desviarnos del camino que planeamos, es la mayor causa de que perdamos el rumbo. Cuanto más abiertos estemos a transitar caminos imprevistos, más chances tenemos de llegar a algún lado interesante.
A veces nos hundimos en agujeros negros. En esos momentos lo único importante no es pensar en cómo salir, sino en tomar la determinación de hacerlo.
Como no tuvimos amor, buscamos reconocimiento. Pero es un sustituto muy pobre y que encima, cuesta carísimo. Mejor aprender a vivir de otra manera.
Tenemos que confiar en que estamos en el lugar exacto en el que debemos estar. Las experiencias dolorosas que nos pone la vida nunca se entienden mientras las estamos atravesando. El sentido de todas las vicisitudes de nuestro camino solo se comprenderá cuando lo hayamos transitado. Tenemos que aprender a confiar en la vida, y caminar sin miedo.
Solemos tener dolores guardados tan profundo, que creemos que no los tenemos más, o que hemos perdonado. Sin embargo, están ahí, condicionando nuestras vidas. El primer paso de la recuperación es enterarse que aún los tenemos, y que por lo general son enormes.