Pecar o no pecar
Por lo general los dilemas ofrecen dos alternativas que son falsas. Hay que aprender a ver más allá de ellas.
Por lo general los dilemas ofrecen dos alternativas que son falsas. Hay que aprender a ver más allá de ellas.
Los amores prohibidos, más allá de ser una amenaza que pueda destruir nuestra vida tal como la conocíamos, pueden ser la oportunidad de un despertar.
A veces la realidad puede dolernos tanto que inconscientemente creemos que si no la recibimos, dejará de existir. Pero sigue ahí, agravándose.
Muchas veces nos resulta imposible decir lo que sentimos o pensamos. Las causas y las manifestaciones de esa conducta pueden ser de lo más diversas. Pero tomar conciencia de esa dificultad que tenemos es el primer paso para dejar de ofendernos, enojarnos y culpar a los demás. Podemos elegir crecer.
¿Qué pasaría si alguna de las ideas sobre las que construimos nuestras vidas, no se ajustaran a la realidad?
Aceptar todo para evitar el conflicto, solo genera problemas aún mayores. Victimizarse o explotar por todo lo que no se dijo a tiempo, tampoco sirve. Si queremos crecer, tenemos que estar dispuestos a luchar incansablemente: hablar, plantear, insistir, gritar.
¿Se puede vivir evitando el conflicto? ¿Qué pasa cuando dejamos de ser lo que somos, solo para no pelear o no ser rechazados? ¿Cuál es el precio de sostener una conducta así?
Así como leer no es aprender, escuchar no es tomar conciencia. Para eso es necesario involucrar a todo nuestro ser en una situación. Y cuando eso ocurre, nos ponemos en marcha.
La vida es paradójica y cambiante. Muchas veces, no podemos seguir lo que piden nuestros sentimientos. Y eso a veces, es una suerte.
De jóvenes tenemos planes de cómo debe ser nuestra vida. Con los años, aprendemos a agradecer por la vida que tenemos, aunque siempre difiera mucho de la que soñamos.