Secretos del corazón
Nuestro corazón posee la información más importante de nuestra vida. No es posible ser felices ignorándolo. Y sin embargo, nos cuesta tanto entenderlo...
Nuestro corazón posee la información más importante de nuestra vida. No es posible ser felices ignorándolo. Y sin embargo, nos cuesta tanto entenderlo...
Los amores prohibidos, más allá de ser una amenaza que pueda destruir nuestra vida tal como la conocíamos, pueden ser la oportunidad de un despertar.
A veces la realidad puede dolernos tanto que inconscientemente creemos que si no la recibimos, dejará de existir. Pero sigue ahí, agravándose.
Con tal de no exponernos a ser rechazados, casi que mendigamos mentiras piadosas. Ese miedo que parece protegernos del dolor, solo agrava las cosas. Donde no hay verdad no puede haber solución a los problemas ni mucho menos, crecimiento.
La vida es como un océano inconmensurable. Pero con frecuencia nuestros miedos y falsas ideas nos llevan a llenar un balde con agua salada y quedarnos a vivir ahí. Una vida segura, pero muy pobre.
Nuestra niñez marca toda nuestra existencia. Lo que nos faltó, es lo que trataremos de compensar a lo largo de la vida. Inútilmente, porque el pasado no se arregla ni se cambia. Pero siempre es posible corregir el presente para sanar el pasado y por primera vez, poder tener un futuro en libertad.
Muchas veces somos como hologramas. Estamos presentes formalmente, pero por nuestras historias de vida somos incapaces de poner el cuerpo, y mucho menos el alma. Estamos tan ocupados en sobrevivir que no podemos contener a nadie.
Por lo general, los seres humanos necesitamos terremotos que nos destruyan, para que a partir de los escombros podamos construir algo nuevo. Como por nuestros apegos nos cuesta evolucionar, la vida nos hace podas masivas que nos ayudan a encontrar el camino.
A los 18 años es improbable conocer cuál es nuestra vocación, cuál es nuestra misión en esta vida. Por lo general, suele tomar décadas averiguarlo, siempre que estemos dispuestos a conocerlo, y no lo resignemos ante muchas razones atendibles que solo esconden una verdad: tenemos miedo. Miedo de pelearnos con nuestros padres y afectos, miedo de fracasar.
Si con frecuencia no expresamos lo que sentimos o creemos por temor a generar una ruptura en el otro, estamos creando las condiciones para una enorme ruptura que tarde o temprano ocurrirá. Donde no es posible ir realizando pequeños ajustes, es probable que después ocurran todos juntos, de la peor manera.