El fracaso como proceso de aprendizaje
Fracasar está bueno. Equivocarse está bueno. Tener limitaciones nos lleva a aprender cosas que de otra forma nunca aprenderíamos si no tuviéramos problemas.
Fracasar está bueno. Equivocarse está bueno. Tener limitaciones nos lleva a aprender cosas que de otra forma nunca aprenderíamos si no tuviéramos problemas.
A veces tardamos mucho, muchísimo en darnos cuenta de ciertas verdades. Porque es difícil, porque los sentimientos y emociones impiden ver con claridad, o porque no nos conviene. Pero aunque tome mucho tiempo, la vida finalmente nos confronta con ella para que hagamos uso de nuestra libertad y elijamos, cómo queremos vivir.
Competir por el afecto no tiene sentido. Es agotador, y aún si uno lo logra, en realidad obtiene reconocimiento, pero no afecto genuino. Y uno puede pasarse la vida tratando de subir la escalera que está apoyada en la pared equivocada. Es mejor averiguar quién es uno y dejarlo ser. Tratar de ser la persona que los demás admirarían no tiene sentido, no lleva a ningún lado.
Vivimos preocupados por el futuro, que demasiadas veces no llega a concretarse. Lo único real es el aquí y ahora. Es lo único que vivimos, lo único en lo que podemos incidir. Por estar angustiados por ese futuro (imaginario), dejamos ir el presente (real). Y cuando ese futuro se torne presente, seguramente tendrá la pobreza de algo construido con acciones débiles, llevadas a cabo por personas que estaban ausentes preocupadas por el futuro.
La vida puede ser terrible. Pero aún, en los abismos más grandes, se puede encontrar formas de seguir caminando.
El funcionario del ministerio de desarrollo social no pudo convencer [...]