Cuando las ideas no encajan en la realidad
Cuando las ideas que tenemos, no coinciden con la realidad, los que sufrimos somos nosotros, nunca la realidad.
Cuando las ideas que tenemos, no coinciden con la realidad, los que sufrimos somos nosotros, nunca la realidad.
Muchas veces, no podemos evitar el sufrimiento. Ni siquiera el de las personas que más amamos. La diferencia está en cómo los acompañamos. No pretender que las cosas sean diferentes, sino poner amor, compasión, delicadeza, en las cosas tal como son.
No podemos controlar lo que sentimos. Simplemente ocurre. Lo que sí podemos, es decidir qué hacer con lo que sentimos. En el caso del miedo, ese inseparable compañero del hombre, hay que evaluar si es razonable y nos está protegiendo de un riesgo real, o si como es por lo general, solo nos condiciona y acota, limitando nuestra vida.
¿Qué te impide vivir como te gustaría? ¿Ser millonario? Por lo general, más que ayudarte te perjudica, distrayéndote de ver lo que tenes que ver de tu vida. Y animarte a hacerlo.
Querer lograrlo es querer morir. Por lo general, "ese" objetivo puede llevarnos la vida. Es mejor aprender a disfrutar el camino, porque no hay más que eso. El podio es un espejismo.
Las catástrofes personales pueden ser la oportunidad a empezar a vivir. Nuestra vida, no la que nos programaron. Y si bien la frontera entre libertad y destino es misteriosa e incierta, siempre hay grandes margenes de ir tallando nuestra vida.
Vivimos preocupados por el futuro, que demasiadas veces no llega a concretarse. Lo único real es el aquí y ahora. Es lo único que vivimos, lo único en lo que podemos incidir. Por estar angustiados por ese futuro (imaginario), dejamos ir el presente (real). Y cuando ese futuro se torne presente, seguramente tendrá la pobreza de algo construido con acciones débiles, llevadas a cabo por personas que estaban ausentes preocupadas por el futuro.
La vida puede ser terrible. Pero aún, en los abismos más grandes, se puede encontrar formas de seguir caminando.
Podemos pasarnos la vida construyendo y manteniendo un personaje. Qué cansador. Mejor, averiguar quién es uno y dejar de querer impresionar a todo el mundo.
Lo que nos pasó de chicos nos marca de por vida. Pero estamos llamados a madurar, y descubrir quiénes somos, y qué queremos hacer nosotros con nuestras propias vidas. Seguir peleando las batallas de otros no tiene sentido. Aún ganándolas, es una vida perdida. Pelear nuestras propias batallas, es ganar.