5
Mar
2011
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Los premios consuelo no consuelan

Los premios consuelo no consuelan

Erik se había enamorado perdidamente de Claudia Schiffer. La consideraba una diosa a la que había que venerar. Soñaba su vida al lado de ella. La imaginaba compartiéndolo todo: trabajo, casa, proyectos, viajes, hijos. Era su amor.

Claro que el sueño era rápidamente destrozado por la cruel realidad: Claudia era la modelo mas importante del mundo y su belleza, fama y riqueza hacían imposible que se pudiera fijar en él.

Erik pasó largo tiempo intentando buscar la estrategia para aproximarse a Claudia; estaba convencido de que si lograba conversar con ella 5 minutos, podría desplegar toda su capacidad de seducción y ella terminaría enamorándose de él.

Pero por mas que le buscaba la vuelta, no se la encontraba. Un día, resignado frente a la realidad implacable, se le ocurrió una alternativa: invitar a salir a la hermana menor de Claudia, Ann Caroline. No era lo mismo pero era divina.

Así pudo seguir adelante, superar sus inhibiciones y luego de rastrearla un tiempo, localizarla. Estudió todos los movimientos de ella hasta que un día la esperó en un café y cuando Ann Caroline apareció, a Erik le bastaron escasos minutos para convencerla de que saliera a cenar con él aquella noche.

La cena estuvo muy buena aunque Erik no pudo evitar sentir melancolía. La idea de salir con la hermana -en vez de seguir su deseo-, era una especie de premio consuelo, y ponía brutalmente en evidencia su falta de coraje.

Después de cenar la llevó de regreso a su casa, ignorando que Claudia también vivía en el mismo edificio, unos cuantos pisos más arriba. Mucho menos podría imaginarse que en el mismo momento en que se despedía de Ann Caroline, Claudia estaría ingresando al edificio, sola.

-De donde venís?, preguntó Ann Caroline.

Mientras observaba al apuesto acompañante de su hermana con sumo interés, Claudia contestó: -“volviendo de cenar afuera, porque como estaba sola y aburrida en casa, decidí salir un rato”.

Artículo de Juan Tonelli: Los premios consuelo no consuelan.

9 Respuestas

  1. Mariel

    No por llegar cerca de una meta alcanzamos un sueño. Tal vez con claridad y vehemencia en el foco podemos sentir la sensación de consuelo de acercarnos, para llegar algún día. La distancia del tiempo es más tolerable que la de la que se mide con un metro.

  2. Mariel

    No por llegar cerca de una meta alcanzamos un sueño. Tal vez con claridad y vehemencia en el foco podemos sentir la sensación de consuelo de acercarnos, para llegar algún día. La distancia del tiempo es más tolerable que la que se mide con un metro

  3. Mariel

    Juan, parece que es mi estilo no usar anteojos o errarle a la redacción de los comentarios. Si seleccionás mi comentario,por favor, aceptá la segunda versión. Te mando un beso. Me gustan los escritos. Son de tu autoría? o los seleccionás de otras fuentes. Contame

  4. Hernán Cortés

    ups!!! justo terminaba de leer esto:

    Cuenta la leyenda que una joven mariposa –de cuerpo frágil y alma sensible- volaba cierta tarde jugando con el viento, cuando vio a una estrella muy brillante, y se enamoró. Excitadísima regresó inmediatamente a su casa, loca por contar a su madre que había descubierto lo que era el amor.
    -¡Qué tontería!- fue la fría respuesta que escuchó. –Las estrellas no fueron hechas para que las mariposas pudieran volar a su alrededor. Búscate un poste, o una pantalla, y enamórate de algo así: para eso fuimos creadas.
    Decepcionada la mariposa decidió simplemente ignorar el comentario de la madre, y se permitió volver a alegrarse con su descubrimiento. ¡Que maravilla poder soñar!, pensaba. La noche siguiente la estrella continuaba en el mismo lugar, y ella decidió que subiría hasta el cielo y volaría en torno de aquella luz radiante para demostrarle su amor.
    Fue muy difícil sobrepasar la altura a la cual estaba acostumbrada, pero consiguió subir algunos metros por encima de su nivel de vuelo normal. Pensó que si cada día progresaba un poquito, terminaría llegando hasta la estrella. Así que se armó de paciencia y comenzó a intentar vencer la distancia que la separaba de su amor. Esperaba con ansiedad la llegada de la noche, y cuando veía los primeros rayos de la estrella, agitaba ansiosamente sus alas en dirección al firmamento.
    Su madre estaba cada vez más furiosa:
    -Estoy muy decepcionada con mi hija-decía. Todas sus hermanas, primas y sobrinas ya tienen lindas quemaduras en sus alas, provocadas por las lámparas. Sólo el calor de una lámpara es capaz de entusiasmar el corazón de una mariposa: deberías dejar de lado estos sueños inútiles y conseguir un amor posible de alcanzar.
    La joven mariposa, irritada porque nadie respetaba lo que sentía, decidió irse de la casa. Pero en el fondo-como, por otra parte, siempre sucede- quedó marcada por las palabras de su madre y consideró que ella tenía razón.
    Así, durante algún tiempo, intentó olvidar a la estrella y enamorarse de la luz de las pantallas de casa suntuosas, de las luces que mostraban los colores de cuadros magníficos, del fuego de las velas que quemaban en las más bellas catedrales del mundo. Pero su corazón no conseguía olvidar a la estrella, y después de ver que la vida sin su verdadero amor no tenía sentido, resolvió reemprender su itinerario en dirección al cielo.
    Noche tras noche intentaba volar lo más alto posible, pero cuando la mañana llegaba, estaba con el cuerpo helado y el alma sumergida en la tristeza. Entretanto, a medida que se iba haciendo mayor, pasó a prestar atención a todo cuanto veía a su alrededor. Desde allá arriba podía vislumbrar las ciudades llenas de luces, donde probablemente sus primas, hermanas y sobrinas, ya habrían encontrado un amor. Veía las montañas heladas, los océanos con olas gigantescas, las nubes que cambiaban de forma cada minuto. La mariposa comenzó a amar cada vez más a su estrella, porque era ella la que la impulsaba a conocer un mundo tan rico y hermoso.
    Pasó mucho tiempo y un buen día ella decidió volver a su casa. Fue entonces que supo por los vecinos que su madre, sus hermanas, primas y sobrinas, y todas las mariposas que había conocido, ya habían muerto quemadas en las lámparas y en las llamas de las velas, destruidas por un amor que se juzgaba fácil.
    La mariposa, aun cuando jamás haya conseguido llegar hasta su estrella, vivió muchos años aún, descubriendo cada noche cosas diferentes e interesantes. Y comprendiendo que, a veces, los amores imposibles traen muchas más alegrías y beneficios que aquellos que están al alcance de nuestras manos.
    Paulo Cohelo

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