A los 4 años murió mi padre y me mandaron a vivir con mi abuela paterna.
La pareja de mi abuela nos abusaba y maltrataba. Yo no tenía ningún margen de abrir la boca.
A los 8 años mi abuela nos encontró en el baño con mi abuelo y su único comentario fue: “al menos no va a abusar mas de mí”.
A los 14 años decidí volver con mi mamá y hermanos. Otro infierno. Me fui a vivir a la calle y dormía a donde me agarraba la noche.
A los 15 conocí a mi pareja y los primeros 2 años fueron espectaculares. La vida había cambiado.
Pero un día empezaron los golpes y gritos. Le empecé a tener miedo, a no responder por temor.
Con mi primer hijo todo fue peor.
Si le preguntaba por qué llegaba tan tarde, era un paliza. Me quemaba la ropa. Le tiraba mi plato de comida al perro. Nada le gustaba y si la casa no estaba impecable se armaba.
Era muy mujeriego. Traía sus amantes a comer a mi mesa y yo me enteraba al ver la complicidad entre ellos.
Nos mudamos a un pueblo y con dos hijos chicos pensé que sería la oportunidad del cambio pero fue en vano. Golpes, desvalorizaciones, no me dejaba tener amigas.
Un día le encuentro una carta para una de sus ex contándole cuánto la amaba, que era la madre que siempre había soñado para sus hijos.
Entré en depresión. No quería vivir mas. Tuve un accidente y mientras estaba postrada me decía: “lo tenés merecido!”
Llegué a pensar que la vida era así y me la tenia que aguantar.
En el 2015 me detectaron cáncer.
Lloré como una nena abrazada entre mis brazos sin consuelo.
Me operaron. Entre quimios y rayos me di cuenta de que mi vida no era mía. Y empecé a responder. Si eran golpes, golpes. Volaron platos, vasos y todo lo que se cruzaba.
Conocí a un hombre por chat y charla va, charla viene, un día me dijo que yo era la mujer que siempre había soñado.
Mi marido agarró el mi teléfono y al leer todo lo que leyó se le vino el mundo abajo. Su cara se transformó. Me preguntó por qué.
Le contesté que yo siempre le había dado la opción de vivir su vida. Y que él a mí no.
Todavía no conozco personalmente a la persona con la que chateamos, porque vivimos a más de 100 km de distancia.
Si tengo miedo a un nuevo desengaño? Ya no tengo miedo a nada. Aunque tampoco quiero tener sexo sin amor. El tiempo dirá.
Aunque estamos separados, a mi ex marido lo sigo cuidando en casa. También cuidé a mi abuela y su pareja que me abusó, hasta sus muertes. Y a madre, pese a que también me había abandonado.
Tengo 49 años, y muchas ganas de vivir.
Clara
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Los procesos de nuestras vidas suelen ser largos. Mal que nos pesen.
Por lo general tenemos que recorrer largos caminos, aguantar lo inaguantable, hasta madurar lo necesario para animarnos a vivir.
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La ilustración es de @whiterabbitarte

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