Me casé joven con un prominente ejecutivo, sabía que con él no me faltaría lo que en mi niñez.

Al poco tiempo lo trasladaron al extremo sur del país. Nació nuestro primer hijo y con el tiempo nos fuimos al otro extremo del país, en donde tuvimos a nuestro segundo hijo.

Mi marido siempre estaba ausente por su trabajo. Yo ya cumplía los 36 y con ello mi despertar.

Siempre fui la ama de casa que cuidaba a los niños, los llevaba al colegio, hacía las tareas con ellos.

También me preocupaba porque la casa estuviera lista para los invitados de mi marido, y por ser una esposa impecable, elegante. Pero por dentro no tenía emoción alguna por la vida.

Mi hijo mayor practicaba natación con varios compañeros de colegio. Al poco tiempo se sumaron algunos papás, entre ellos, mi marido.

Con el tiempo se armó un grupo muy entretenido y entre asados y salidas yo empecé a sentirme atraída por el nuevo amigo de mi marido.

Un hombre tan lleno de energía, guapo, alegre, se fijó en una mujer como yo, que casi no hablaba, apagada, una espectadora de la vida.

Nos volvimos amantes. Volví a bailar, me arreglaba para él, pensaba todo el día en él. Mi vida empezó a girar en torno a él porque me sentía llena de vitalidad. Ni mis hijos y menos mi marido me importaban.

Un día me invitó a Hawai. Después de días de angustias y dudas inventé que mi hermana me regalaba ese viaje por mi cumple.

Fue el cumpleaños más hermoso que he tenido. Me regaló un anillo y me confesó que estaba dispuesto a enfrentar a su amigo para comenzar una nueva vida juntos.

Fuimos valientes y enfrentamos a mi familia, a sus hijos y al mundo.

Han pasado 11 años y aún no me arrepiento: él lleno mi vida de alegría, pasión y amor.

 

Ivonne

Puede ser sólido algo que empezó por interés?

Puede ser sólido un vínculo en donde uno solo tiene espacio para ser “buen alumno”, en donde pareciera no haber lugar para ser quien uno es?

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La ilustración es de @whiterabbitarte