Me enamoré de mi esposa cuando yo tenía 19 años y ella 17. Era realmente hermosa, con unos ojos verdes increíbles, y una cara finísima.
Después de unos meses me presentó a su familia. Tenía dos hermanos -uno más chico y otro más grande-, y sus padres resultaron amorosos.
Su madre era bellísima. Los mismos ojos y un cuerpo para el infarto. Tendría unos cuarenta años.
Con el correr de los meses en que fui pasando más tiempo en la casa de mi novia, quedé fascinado con mi suegra.
Por un lado porque era hermosa. También porque al tener 40 años me la imaginaba como una “instructora sexual”, que sería una amante experta.
Aunque nunca me permití que pasara nada -y por suerte ella tampoco me insinuó nada-, durante 10 años fue mi gran fantasía sexual. Me masturbé muchas veces pensándola, y aún más veces fantaseé con ella mientras tenía sexo con mi esposa.
Hoy sigo casado con mi esposa, y hace más de 10 años que ya no me pasa nada de eso.
Raúl
Se puede controlar lo que deseamos? Están mal ciertas fantasías? O también hay que acotar el pensamiento?

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La ilustración es de @whiterabbitarte