Cuando mi hermana y yo teníamos 10 y 12 años, la pareja de mi madre nos tocaba.
Le contamos a nuestra madre, y ella no nos creyó. Fue un golpe devastador a nuestra confianza, al amor, a la autoestima.
Apenas pude me fui de casa y más tarde también del país para huir del dolor. Solo seguí en contacto con mi hermana. A mi madre dejé de hablarle.
Poco tiempo atrás mi hermana me llamó para decirme que mamá estaba muy grave.
Pese a mis broncas, miedos, dolores, volví al país para verla pero cuando llegué ya se había muerto.
Mi hermana estaba quebrada. Pese a los abusos y violencias que sufrimos de nuestro padrastro, y lo peor, que nuestra madre no nos creyera, mi hermana pudo acompañarla hasta el final.
Mi madre le llegó a decir que solo aspiraba a que yo la perdonara.
Pasaron 30 años desde que mi madre no nos creyó y sigo dolida. Ahora que ella falleció siento un vacío muy grande. No por su muerte, sino porque somos seres sensibles y todo nuestro vínculo se rompió en aquel momento y nunca más pude reparar el abuso, el odio y el abandono que viví de niña.
Julia
Hay un tiempo para perdonar? O nunca es tarde, y se puede hacerlo aún cuando el victimario haya muerto?
Necesitamos que quien nos hizo daño esté enfrente nuestro, o podemos soltar igual?
Quizás es mejor el vacío, antes que forzar una herida que todavía no cicatrizó.
Si te gustó la historia compartila.

La ilustración es de @whiterabbitarte