Nací en una familia en la que éramos 3 hermanos. Mi madre era enfermera y papá albañil.  Él tenía 1 hermano y 2 medios hermanos por parte de su madre (mi abuela) con un militar aleman.
A mis 7 años una noche vino mi abuela a avisarle a papá que su hermano “había aparecido” (llevaba años extraviado porque era esquizofrénico).
Como el alemán no lo quería porque no era hijo suyo mi abuela forzó para que mi padre se hiciera cargo y viviera en casa.
Aunque yo era muy chica tengo recuerdos que aún duelen. Mis padres trabajaban todo el día así que yo tenía que cuidarlo.
Me levantaba y nadie me esperaba con el desayuno; solo veía una humareda de cigarrillo que llegaba hasta mi pieza porque él era un fumador empedernido.
Siempre recuerdo su imagen sentado en la cocina, tomando mate, fumando y hablando incoherencias.
Los años pasaban, la locura era diaria, y el abandono por parte de mi padre y madre se notaba cada vez más.
Como ellos tenían que trabajar y mantener una familia numerosa, nada de lo que opinábamos o sufríamos nosotros era tomado en cuenta.
Había una total indiferencia de mis viejos, de mis tíos y hasta de mi abuela que brillaba por su ausencia. La carga era nuestra, de las dos niñas, porque mi hermano era muy chico y de hecho no recuerda nada.
Muchas veces sentimos miedo porque “el tío” se ponía agresivo y gritaba, o nos amenazaba, o decía que le iba a hacer algo a mis padres.
Otras veces alucinaba con nosotras y les decía a mis viejos mentiras o alucinaciones propias de la enfermedad.

Yo era una niña retraída, poco sociable, me costaba hacer amigas, y me refugiaba en la comida.
Los años pasaban y nada cambiaba, hasta que casi 10 años después murió de cáncer de pulmón. Nunca pensé que la muerte de alguien me trajera tanta paz.
Poco después me fui a otra ciudad a estudiar medicina y me recibí.  Me casé con un compañero de facultad y tenemos dos hijos.
Sigo trabajando en terapia para que el pasado no me invada.
Mi hermana se recibió de contadora y poco después tuvo un brote psicótico. Desde entonces está polimedicada y en seguimiento multidisciplinario, no pudo ejercer su profesión ni formar familia. Vive con mis viejos y fuma tres atados diarios.
Lucho a diario para tener un hogar cálido, con amor, cuidado y comprensión.
Paloma
Será que a veces el exceso de trabajo es un “refugio” para no enfrentar otras realidades dolorosas?

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La ilustración es de @whiterabbitarte