A los 15 me puse de novia por primera vez con un chico del colegio. Aníbal y yo éramos compañeros desde los 6 años.

Nuestro noviazgo duró dos años en los que peleábamos bastante porque a él no le gustaba bailar.

Cada uno siguió su camino. Ambos nos casamos; el tuvo una hija y yo 2 varones.

Tuve la suerte de tener un buen matrimonio aunque nunca dejé de pensar en él.

Cuando se cumplieron 30 años de egresados se organizó una comida. Lo primero que pensé fue que lo volvería a ver.

En la larga mesa, él se sentó enfrente mío. Cada uno de los presentes fue contando su estado civil. Cuando lo escuché decir “divorciado”, casi me muero. Él sintió algo parecido cuando yo dije “viuda”.

Quedamos conectados por teléfono y un día me invitó a tomar un café.

Yo llevaba 3 años desde que había fallecido mi marido y me seguía sintiendo triste y muy sola. Dudé en aceptar.

Cuando le conté a mi hijo de 18 años agarró mi teléfono y contestó por mí: SI QUIERO!

Después del café vino otro, y otro. Pasamos 3 meses intensos y no nos separamos más.

Convivimos un tiempo y después nos casamos. Mi vida cambió en todo sentido.

Llevamos 13 años juntos y somos muy compañeros. No peleamos en nada porque hablamos todo.

A veces me acompaña a bailar. Y sino, no pasa nada. Aprendimos a acompañarnos en lo que podemos, y a tolerar nuestras diferencias.

Cristina

Si te gustó esta historia compartila.

Si querés contarme tu historia en 5 fotos escribime a jotateuno@gmail.com