Tenía un matrimonio feliz, con 3 hijos varones, y yo deseaba tener una mujer. Mi marido no estaba tan convencido, pero yo insistí.
Después de muchos intentos finalmente quedé embarazada. Con ansiedad esperaba el cuarto mes para que me dijeran el sexo.
Un día como tantos fui a dejar a los niños al colegio, y mi marido se fue a su oficina. Nos despedimos especialmente cariñosos, con un gran abrazo y un largo beso.
Pocas horas después mi marido tuvo un accidente y los médicos no pudieron hacer nada. Falleció en la clínica a las 23:39 del mismo día.
Se me vino el mundo abajo pero tenía una vida en mi vientre y 3 hijos pequeños.
A la semana siguiente cumplía 4 meses de embarazo por lo que tenía que ir al ginecólogo.
Como me vio muy triste y no pude evitar llorar, me preguntó qué me pasaba. Le conté que había quedado viuda y él conmovido, se paró y me abrazó.
Cuando me tranquilicé me confirmó el sexo del bebé: era niña.
Desde ese día tuve un llamado diario suyo para ver cómo andaba. A medida que mi barriga crecía, su apoyo se transformaba en algo fundamental.
Empezó a visitarnos en casa y jugaba con mis niños. Me fui enamorando, aun con la pena de sentir a mi difunto marido en cada espacio de mi casa.
Con el nacimiento de Florencia, también nació una relación amorosa y hoy somos una familia con 5 hijos. Nos casamos, y con él tuvimos un hijo varón al que le pusimos el nombre de mi marido muerto.
Roxana
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Con frecuencia la vida más que un fenómeno a comprender, es un misterio a experimentar.
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La ilustración es de @whiterabbitarte

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