24
Ene
2016
4

Todos tenemos que ser un poco faquires para poder vivir

Para resumir su realidad, Cristian le mostró una foto en la que tenía un bebé recién nacido en brazos.

-Quién es?, le preguntó su amigo Sergio.

-El hijo de Vero, fue la catastrófica respuesta.

Cristian estaba incendiado con Vero, un amor prohibido. La situación tenía cierto equilibrio porque ambos eran casados. El rutilante romance se había desencadenado dos años atrás, con ella casada y sin hijos, y él con veinte años de pareja y tres adolescentes.

Como suele ocurrir, todo era alucinante hasta que el romance empezó a generar los inevitables frutos amargos. Esas dolorosas dualidades de cualquier amor prohibido: máximo gozo y máximo sufrimiento. Nada de puntos medios. Blanco o negro, cielo o infierno. Y en donde lo que separaba un lugar del otro podía ser un milímetro o un segundo.

Con más de cuatro décadas y pese a tener un enorme prontuario sexual, Cristian sintió que había descubierto la sexualidad.  –Yo era virgen y no lo sabía, decía en alusión a lo que estaba disfrutando ahora, que nunca había conocido en veinticinco años de sexo.

Cierta madurez emocional conjugada con un vigor que todavía no declinaba, producía una performance sexual extraordinaria. Por primera vez en su vida el sexo se convertía en una experiencia casi mística. Era tal el gozo y la alegría profunda,  que el enorme placer que le había provocado durante décadas resultaba insignificante al lado de lo que vivía ahora.

Vero, si bien tenía algunos años menos, estaba viviendo lo mismo. Cuando se desencadenó el romance se acababa de casar y deseaba buscar un hijo con su marido. Cupido la había obligado a cambiar drásticamente los planes, esperando hasta que la situación se aclarara.

El tiempo fue pasando y lo único que se aclaró fue que ese amor prohibido era arrasador y  ambos integrantes estaban hasta las manos. La situación de Vero era menos compleja porque no tenía hijos. Aun cuando frenar y no encargarlos fue todo un tema como su marido, separarse dejaría menos heridos que los que provocaría Cristian, quien además de esposa tenía tres chicos.

Así pasó el primer año, con sexo a diario y doble vida. Por una de esas razones que la ciencia aún había sido incapaz de explicar, las mujeres eran superiores a los hombres a la hora de ocultar un affaire. El género masculino solía quedarse muy afectado, siendo incapaz de convivir con la situación y convirtiendo el hogar en un infierno.

Tal vez fuera que toda la potencia masculina encontraba en la esposa, el único e insalvable obstáculo para dar rienda libre al deseo. Esa situación desencadenaba que el hombre inevitablemente empezara a llevarse mal con su mujer.

El hecho que Cristian no quisiera dejar a su esposa para cuidarla junto con su familia, solo producía resultados paradójicos. Vero comprendía perfectamente la situación, y le fascinaba saber que él era un gran padre y un compañero en el que se podía confiar. Por un lado, esa situación la enamoraba aún más. Por el otro, la destruía saber que nunca podría estar con su amor.

Después de más meses de montaña rusa emocional, Vero tomó la drástica decisión de tener un hijo con su marido. Las conversaciones que se dispararon con Cristian eran maravillosas porque recorrían los más complejos laberintos del alma humana. Él comprendía perfectamente su decisión y la apoyaba. Era lo correcto, y cada uno tenía que defender su matrimonio. A su vez, sentía desolación al asumir que Vero no tendría un hijo con él sino con su propio marido, y que su amor por ella estaba condenado a muerte. El solo pensarlo le quitaba la respiración y llenaba los ojos de lágrimas. Dolor, frustración e ira inundaban su ser.

Finalmente ella juntó coraje e impulsividad y quedó embarazada. Su relación con Cristian entró en otra dimensión. Lo que parecía una decisión que sería el disparo de muerte al amor prohibido, solo potenció el encuentro entre ambos.

Como no seguir enganchados si estaban compartiendo una experiencia tan dramática juntos? El hecho que ambos tuvieran que transitar los confines del infierno los volvía camaradas de guerra, y por ello, con un vínculo a toda prueba. Se entendían con una simple mirada, hecho que no lograban con ninguna otra persona en el mundo. Cómo podrían ser comprendidos por alguien más si el drama no lo compartían con nadie?

Peor aún era la situación con sus respectivos cónyuges. Si bien era comprensible ocultarles semejante realidad para no destruirlos, la distancia emocional de cada uno con su marido o esposa era abismal. De qué tema importante podrían hablar con sus parejas si lo único que los tomaba en cuerpo y espíritu debía ser ocultado?

El embarazo progresaba y Vero y Cristian seguían teniendo sexo diariamente. Aunque también lo hacían una vez por semana con sus respectivas parejas para guardar las formas, todo era muy difícil. Ella hacía mucho tiempo que no tenía orgasmos con su marido. Él, por primera vez en su vida no conseguía sostener una erección. Como si fuera una maldición, para poder tener una relación sexual mínimamente aceptable con sus esposos, fantaseaban que estaban con sus amantes. Toda una ironía.

Dentro de los disparates que la realidad generaba, cuando Vero y Cristian se acostaban, más de una vez pensaban que el embarazo en curso era de ellos.

Para el quinto mes de gestación el obstetra confirmó que se trataba de un varón, pero alertó que el crecimiento no era bueno. La culpa se apoderó de ambos, y decidieron dejar de tener relaciones sexuales. Fuera por ello o no, el bebé se recuperó.

Las paradojas y contradicciones eran diarias. Como si fuera una conjura, cuando cedían a la brutal evidencia de los hechos y más se esforzaban por separarse, más conectados se sentían, y más ganas tenían de concretar el sueño imposible de estar juntos.

Entre la desolación y la locura llegó Semana Santa, y Cristian se despidió de su amor para viajar unos días con su familia. En la madrugada del domingo de Pascua recibió en su celular un mensaje con una foto de Mirko, el bebé recién nacido.

Cristian se sentía como un león enjaulado, atado de pies y manos por la vida, sin más remedio que resistir. Al regresar de su viaje combinó con su amor, y se encontraron en un bar donde se sacó unas fotos con el bebé en brazos.

-Qué infierno, le dijo Sergio. Y qué pensas hacer?

-Qué sé yo!, -fue la lacónica respuesta de Cristian.

-Hace un tiempo, antes de que naciera Mirko, pensaba que si en doce meses nuestro enganche seguía igual, tendría que separarme e ir a vivir con Vero. Pero no puedo dejar de pensar en su marido, y en que lo estaríamos privando de estar con su hijo de un año…

-Y con tu esposa?, quiso saber Sergio.

-Qué se yo…, -volvió a repetir Cristian. -Le tengo un enorme cariño, afecto, amor… Son veinte años juntos. Lo mismo le pasa a Vero.

-Y cómo sus respectivas parejas no se dan cuenta que ustedes están en otra galaxia?

-No lo sé. Hacemos lo imposible por cuidar todo y que nadie sufra, pero la vida se puso difícil.

Ambos se quedaron en silencio. Qué podía decirle Sergio que no fuera un lugar común? Que cortara el romance y ordenara su vida? Cómo, si hasta acá había sido totalmente imposible? Por el contrario, podría aconsejarle que dejaran sus familias, omitiendo todo el dolor que ocasionarían?

-Qué pensás?, -preguntó Cristian.

-Es complejo… En la vida hay situaciones claras, que pueden ser terribles pero no son ambivalentes ni contradictorias. Una muerte, una enfermedad irreversible, un despido, una quiebra. Tu caso es de esas realidades a las que también nos somete la vida, en donde hay enormes fuerzas encontradas, pero que en algún momento se resolverán. Esta escisión en la que vivís y es lo que te destruye, tarde o temprano terminará. Y vos dejarás de tener una existencia dual. Recuperarás una vida integrada

-Y cómo decís que se hace?

-Creo que todo lo que se puede hacer lo estás haciendo.

-Pero no alcanza…

-Por ahora.

-Y cuándo será suficiente?

-Quién lo sabe… Hay temas en la vida que solo requieren tiempo. Tolerarlos, convivirlos, todo lo que haga falta hasta que se disuelvan.

-No es un camino muy alentador…

-Se te ocurre alguno alternativo?

Cristian se quedó callado. Qué podía contestar? Llevaba dos años maravillosos e infernales, y en los que deseaba con desesperación que la realidad dejara de ser tan dual y contradictoria. No soportaba más estar partido al medio. Pero era plenamente consciente que las fuerzas encontradas eran grandes y equilibradas y que por eso la situación no se resolvía. La maravilla de su conexión con Vero era equiparable al amor por su esposa y sus tres hijos.

-Y si sigo así toda la vida?, -preguntó con desolación.

Sergio pensó en decirle que eso era improbable, casi imposible. Aún cuando la situación tomara unos cuantos años más en resolverse, era muy difícil que ese equilibrio durara décadas. En algún momento, su relación con Vero o con su esposa, se enfriaría o estropearía. Y sus hijos, indefectiblemente dejarían de ser adolescentes, por lo cual el equilibrio de fuerzas estaba llamado a romperse. Así y todo, optó por moverse en otra dirección.

-Y si seguís así toda la vida?, repreguntó.

-Hijo de puta!, -reaccionó Cristian entre enojado y risueño. Como si no quisiera que la realidad fuera tan cruel.

-Cuando no podemos modificar la realidad, solo nos queda adaptarnos a ella. Ponernos cómodos, aunque sea un cubículo poco anatómico y sin espacio. Los chinos dicen: “sino tiene solución, de qué te quejás? Y si tiene solución; de qué te quejás? Sin embargo, la vida siempre nos presenta temas que no está claro si tienen o no solución. Entonces, creo que la mejor estrategia es ponerse cómodo con la vida tal como es, pese a que pueda resultar muy difícil. Y parar de pelearse con una realidad, que en este momento es imposible de modificar…

Cristian volvió a mirar la foto de su celular en la que tenía al hijo de su amor en brazos. Suspirando, dijo: -Te cuento el infierno que vivo, y vos me recomendás que me vuelva un faquir…

-Y, si la realidad es una cama de clavos o un cubo de un metro cúbico, creo que lo mejor que podemos hacer es tratar de relajarnos aún en el medio de enormes limitaciones y sufrimiento. Es imposible pasar por esta vida sin atravesar períodos en los que tengamos que volvernos faquires para seguir viviendo. Sino, morimos desangrados por las heridas infligidas por las camas de clavos que nos tocan, o asfixiados por el poco oxígeno existente en los reducidos espacios que por momentos nos presenta la existencia.

-Aún cuando lo que decís no es lo que querría escuchar, me ayuda…

-A los efectos de vivir, es mucho mejor ser faquir que mago, dijo Sergio apretándole fuerte la mano para luego despedirse.

Artículo de Juan Tonelli: Todos tenemos que ser un poco faquires para poder vivir.

Como llevás los temas duales, contradictorios e inciertos?

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todos tenemos que ser un poco faquires para poder vivir

12 Respuestas

  1. MAURO

    para de pelearse con la realidad que por ahora no se puede cambiar¡¡¡¡¡ el tiempo todo cura? el tiempo hace olvidar? el tiempo hace que empecemos a estar mas cómodos sea la realidad que sea como los japoneses?
    a no quejarse y aceptar tenga o no solución?
    cuantos interrogantes deja tu historia juan… como siempre muy interesante e inteligente….

  2. Comparto parcialmente Francisco… De acuerdo en que sostener todo por los hijos no funciona. Pero lo de nueva vida suele ser un espejismo. Las “nuevas vidas” suelen convertirse en viejas rápidamente y volvemos a estar en el mismo lugar. Por eso es mejor aprender a lidiar con los problemas que intentar soluciones mágicas que rara vez lo son. Un abrazo

  3. golojandro

    Todo el tiempo nos encontramos tomando desiciones de todo tipo que nos llevan a callejones sin salida o mejor dicho con una salida no deseada, dramatica y dolorosa, y aun asi tomamos estas decisiones, supongo debe estar fuertemente impreso en nuestro adn no? el colmo claro esta es esto de saltar en busca de emociones y encontrarnos en estos pequeños infiernos cotidianos, porque si hay algo peor que nunca amar, es amar a dos personas por igual y al mismo tiempo y para rematarla que a la persona involucrada le pase lo mismo, como en este caso, carton lleno

    Coincido plenamente con tu vision zen, de si tiene solucion, solucionalo y si no la tiene aceptalo y segui viviendo normalmente para no quedar atado a esta situacion, lo que no comparto plenamente es que esto ultimo nos transforme en faquir, aunque si esta buena la imagen mental del faquir, si realmente aceptamos una situacion que no tiene solucion automaticamente salimos de la posicion de faquir, no se … es mi punto de vista.

    Lo que lamentablemente siempre nos lleva al mismo lugar, el miedo de resolver una situacion, arreglarla y tomar la desicion de volver de una mala desicion, en este punto si se persiste si se es un faquir

    un gran abrazo Juan

  4. Dorella Gaggino

    Hola Juan: padezco una gran contradicción, pero estoy aprendiendo a llevarla desde el momento en que comencé a leerte. Fijate que luego de haber leído mucho, de autores espirituales, de psicología de las que quieras, JAMÁS di con un material que tratara este tema. Y tus historias me enseñaron, justamente eso: a soltar, a dejar que la Vida y el tiempo hagan que la contradicción se disuelva o se integren ambos elementos en conflicto en otro, más enriquecedor.
    Una vez más: mil gracias Juan. Y le doy gracias a la Vida por haber puesto tu blog “por casualidad” en mi camino. Pongo “casualidad” entre comillas porque en realidad, creo en la “causalidad”. Un beso grandote.

  5. nancy

    estoy en pleno duelo de una infidelidad, me siento vacia sola fea, culpable etc etc tus palabras me hacen por lo menos pensar….no es facil hay que pasarlo el hombre a quien le entregue mi alma me fallo y es muy injusto voy a leerte para tratar de sanar, buenas noches

  6. Nancy… Lamento tu situación.

    Lo que no me queda claro es si el problema han sido las infidelidades de tu marido, o si se separaron.

    Si el te dejó es una situación, si vos lo dejaste por eso, es otra.

    Igual, tu única alternativa es perdonar. Perdonar y seguir adelante. Si no perdonás arruinarás tu vida. Y el perdón es siempre un acto de la voluntad. Es elegir soltar ese resentimiento, ese enojo, desearle de corazón que al que nos ofendió y lastimó le vaya bien. De corazón. Luego, a su debido momento vendrá un proceso que terminará en que sanes… Pero no antes. Empieza con tu decisión de hacerlo.

    Te dejo una historia (que en mi libro está mejor) y un video para que pienses:

    http://www.juantonelli.com/el-perdon-como-fuente-de-sanacion/

    https://www.youtube.com/watch?v=zLU6GM5TmWE&t=35s

    Un abrazo enorme y ánimo!
    J

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