18
Dic
2016
10

desde Caín y Abel

“-Jahangir Khan es tu rival más difícil, no?”, le preguntó a Rodney un periodista especializado, sin imaginar nunca la respuesta que escucharía.

-No; mis partidos más difíciles son contra Brett, -contestó el australiano.

Desconcertado, el periodista insistió:

-Tu hermano es un gran jugador, de hecho es el número diez del mundo, pero sin ofender, no se puede ni comparar con el paquistaní…

-Con Jahangir Khan solo está en juego el campeonato del mundo. Con mi hermano se juegan muchas otras cosas, -contestó enigmáticamente.

Antes de entrar a jugar cada partido con Jahangir Khan, Rodney sentía una mezcla de emociones. Por un lado, el enorme desafío de intentar ganarle a la leyenda. Por el otro, experimentaba una especie de agotamiento por el vía crucis que le esperaba. Pretender que el gran Jahangir mordiera el polvo implicaba estar dispuesto a batallar incansablemente durante horas contra alguien más duro que el acero. Algo parecido a lo que sienten los alpinistas cuando desde la base del Everest observan lo que les espera.

El paquistaní Jahangir Khan fue el mejor jugador de squash de toda la historia. Aún hoy vive su récord de ser el deportista que estuvo más tiempo invicto: cinco años y medio. No hay antecedentes ni cercanos de otro atleta que se haya mantenido tantos años sin perder un solo partido: 555 consecutivos, sin una sola derrota.

Durante los más de dos mil días en los que no perdió ni un solo partido, tuvo contracturas, dolores, lesiones. También, como todo ser humano, hubo días en los que estado aburrido, enamorado o sin ningunas ganas de jugar. Días en los que tal vez sus rivales se sentían espléndidos, teniendo por delante la oportunidad de sus vidas. Así y todo, Jahangir Khan lograba sobreponerse y ganarles.

En este último período solo había un par de jugadores capaces de ganarle algún partido de vez en cuando. Uno de ellos era Rodney Martin, un talentoso australiano.

Aquella noche, horas después del reportaje a Rodney Martin, el periodista comprendió que desde Caín y Abel -los primeros hijos y hermanos de la historia-, siempre está la desesperada búsqueda del hombre de ser amado. Cuando crecen, ese anhelo no desaparece sino que se desplaza: de buscar el amor de los padres a pretenderlo solo de todo el mundo. Y en donde nadie se conforma con ser amado, sino que aspira a ser el único amado.

Rodney Martin tenía razón. Era mucho más fácil ganarle el campeonato mundial al mejor jugador de toda la historia de todos los deportes, que pretender calmar esa sed que nunca se sacia.

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