Yo tenía 32 años, tres hijas y un buen tiempo de separada después de un mal matrimonio. Él estaba separándose, también con tres hijas, cuando nos conocimos en el trabajo.
Nos fuimos enamorando y pese a muchas dificultades fuimos armando una pareja. No era fácil porque teníamos mil problemas económicos y seis hijas!
Todo fue bastante bien hasta que dos años más tarde, pese a cuidarnos, quedé embarazada.
Aunque no era el plan, me ilusioné. Pero cuando se lo conté fue una catástrofe. Él me dijo que si yo quería lo podía tener pero que él no le daría el apellido ni pensaba mantenerlo.
Así las cosas decidí abortar. Me dolió muchísimo porque aun cuando no hubiera sido planeado hacíamos una buena pareja y era fruto de nuestro amor. Pero su reacción y postura no me dieron margen alguno, porque yo pienso que traer un hijo al mundo es de a dos.
Lo que esta situación desencadenó fue que además de perder el embarazo perdimos la pareja porque yo no quise seguir. Nos separamos.
Tiempo después él me buscó para retomar, ofreciéndome tener un hijo juntos. Pero yo ya había visto en él rasgos que no quería para una pareja y mucho menos para un padre.
Victoria
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Días atrás publicamos una historia en la que ella desea seguir con el embarazo y él no. Se terminan separando.
En la historia de hoy, la mujer se resigna a lo que desea el hombre por entender que “un hijo es de a dos”. Así y todo, también se separan.
Sin entrar en consideraciones sobre el aborto (muchos podrán señalar que el pobre bebé no tiene voz ni voto), me preguntaba cómo se resuelven los conflictos cuando los miembros de una pareja tienen deseos opuestos.
No tengo respuestas.
Solo percibo que imponer un deseo sobre el de la otra persona suele significar el final de la relación.
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La ilustración es de @whiterabbitarte

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