A los 4 años mis padres me dijeron que yo era adoptada. Me habían ido a buscar a la casa de una partera. Mi madre biológica tenía 16 años y me habían adoptado e manera ilegal. Me dijeron que eso era un secreto, que no le se lo contara a nadie o podrían ir presos.

En la adolescencia me empecé a preguntar por mi historia ¿Quién era mi mamá, esa mujer joven que me había abandonado?

En cuarto año me pidieron en la escuela que redactara una descripción mía. Tenía que incluir rasgos físicos y morales. Y yo mentí: conté lo mucho que me parecía a mi papá. Que el color de pelo, que la forma de la cara… Me saqué un diez, pero nunca se lo mostré a nadie.

Ese texto escondía la vergüenza que sentía. Mis gustos, mis intereses, mis amores no coincidían en nada con los de mi familia. Me sentía enjaulada y, aún así, hice todo para complacerlos, para que no me abandonaran.

Con los años y mucha terapia, logré empezar a hablar sobre mi apropiación, sobre mis derechos. Me hice el test de Abuelas y me dio negativo. Sigo buscando a mi madre.

Vivo con miedo a que las personas que amo me abandonen. Como si fueran a descubrir de un momento a otro algo horrible de mí. Miedo a no ser suficientemente buena para ellos. Esto afecta mis relaciones personales y laborales. No puedo dejar de mirar para atrás. ¿Por qué me abandonaste, mamá?

Vanesa
Cuántas situaciones dolorosas podemos haber vivido, que pese a no recordarlas, pueden habernos marcado a fuego?
La falta de transparencia, de claridad de los padres, es una experiencia muy traumática. Cómo podremos confiar en los demás sino podemos confiar en ellos?

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La ilustración es de @whiterabbitarte