A los 6 años comenzaron los toqueteos sexuales de mi pediatra. Era amigo de mamá. Duraron hasta mis 12.
Fui penetrada, tuve que hacer sexo oral, y “ser buena”, a cambio del dinero que le llevaba a mi madre.
En ese tiempo hubo 4 hombres más tocándome, hurgando mi vagina. Todo con el consentimiento de mi madre.
Recibía golpes, insultos. Pasábamos hambre. Éramos 3 hermanos de dos padres distintos. Siempre me sentí excluida de esa familia. Mis hermanos recibían ropa, útiles, regalos, y para mí nunca había nada.
Las relaciones que he tenido han sido destructivas porque lo permití, y porque algo inconsciente me lleva a ellas.
Cada vez que inicio una relación con alguien que desea cuidarme, amarme, siento pánico. Si la persona más importante de mi vida me prostituyó, me lastimó, ¿cómo logro confiar en la gente?
Sé que existen personas buenas pero quizás yo no pueda verlas.
Tengo 44 años y 2 separaciones. Mi madre murió hace 4 años. La amé, la perdoné y también perdoné a esos hombres. Aunque a veces fantaseo con ser atacada y poder defenderme matándolos.
El arte me salva cada día del hastío mundano. Soy ciclotímica y agnóstica. Estuve muy enojada con Dios y me aboqué a leer para conocerme y entenderme.
Hoy no tolero el más mínimo desaire, lo que me suele llevar a no disfrutar.
Mi sexualidad la disfruto más a solas que cuando tengo pareja, en donde me siento juzgada.
Quisiera recuperar la capacidad de confiar. Pero por lo general, me domina mi historia.
Paola
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Hay situaciones tan desgarradoras que lo único que se puede hacer es abrazar, acompañar en silencio.
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La ilustración es de @whiterabbitarte

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