Nací en una familia muy tradicional.
Mi padre era un hombre muy rígido, de mucho carácter. Administraba los campos de su familia.
Mi madre era una mujer muy emocional, y muy lastimada, por lo cual con frecuencia explotaba.
Nosotros éramos 4 hermanos, dos varones y dos mujeres.
Papá pasaba 2 semanas en el campo y 2 con nosotros. No sé qué era peor. Cuando estaba en el campo, mamá se quejaba permanentemente de que estaba sola. Vivía desbordada, solo aplacada por los ansiolíticos y el alcohol. Cuando mi padre venía con nosotros, todo eran peleas, reproches, un infierno.
En ese contexto no había ningún margen de llevarles problemas a nuestros padres. Papá porque no estaba o se la pasaba defendiéndose de mamá. Y ella porque no podía ni consigo misma.
Con mis hermanos cada uno fue viviendo como podíamos, y a partir de la adolescencia, tratando de pasar la mayor cantidad de tiempo posible fuera de casa.
Un día mi padre se hartó de mamá y decidió separarse. Se quedó a vivir en el campo y nosotros sólo pasábamos con él las vacaciones de invierno o verano.
Mamá terminó de desbarrancar. Vivía alcoholizada y gritándonos. Con mis hermanos apenas pudimos nos fuimos yendo de casa.
Pasaron los años y ninguno de nosotros 4 se casó. Los varones formaron distintas parejas, tuvieron hijos, y uno solo sigue con su mujer.
Mi hermana y yo tuvimos algunas parejas intermitentes, lejos de casarnos o tener hijos.
A mis cuarenta terminé de darme cuenta que era lesbiana. Hasta entonces lo había negado, pospuesto, minimizado, insistido con hombres con los que no iba para ningún lado.
Mi madre murió de cirrosis. Pocos años después también murió papá.
Recién entonces y al borde de mis 50 me sentí libre y pude contarles a mis hermanos que era lesbiana. Y animarme a vivir con mi novia.
Pese a que tuve una familia muy disfuncional, seguí siendo “buena alumna”, no llevándoles “problemas” hasta que se murieron. Aunque esos “problemas” fuera ser yo misma.
Valeria
—-
Destinaste muchos años y energía de tu vida en ser como los demás esperaban que fueras?
Ignoraste esa voz interior que te decía “este no es el camino…”?
—
Si te parece que la historia puede ayudar a otros compartila.
Si queres contarme la tuya con fotos o sin ellas, hacelo a jotateuno@gmail.com
O en forma anónima ingresando en el formulario de “contacto”.
La ilustración es de @whiterabbitarte

Deja tu comentario