Llevamos una década en pareja y siete años de convivencia. Sin hijos en común aunque él tiene 4 y yo 1 de relaciones previas.
Nuestra relación siempre fue sólida, linda, poco común para lo que se ve. Por eso creo que fui criticada y envidiada. Siempre nos apoyamos, económicamente y emocionalmente. Como si uno no funcionara sin el otro.
Nos aceptamos con nuestro pasado y formamos una linda familia ensamblada.
Hace un tiempo una de las ex de mi pareja se mudó a otra provincia alejando a dos hijos que tienen en común.
Nunca había sido fácil porque ella le hacía la vida imposible. No obstante todo parecía marchar bien ya que los visitaba seguido y una vez al año íbamos todos juntos de vacaciones.
La última visita no pude acompañarlo por la pandemia, y algo cambió. Volvió diciendo que quería separarse de mi y recuperar a sus hijos.
Entré en shock y me sentí descartada.
Me cuesta entender la idea de que si está conmigo no puede estar con ellos. No entiendo por qué somos excluyentes.
Me dijo que se iría y llevamos 5 meses y sigue acá. Conmigo nunca cambió, nos seguimos tratando igual, ayudando, «amando» bajo las sábanas, pero convivo con la idea que en algún momento se irá.
No puedo echarlo de la casa, ni tampoco obligarlo a quedarse. Me angustia pensar que le puede ir mal.
Creo que no supo manejar ciertas cosas o quizás siente culpa por haberse perdido la infancia de sus hijos.
Tengo miedo de estar perdiendo tiempo al justificarlo, y también culpa por no luchar por el amor que un día nos unió.
Clara
—
Puede no doler el tiempo que uno se perdió de sus hijos?
Cómo no comprender a nuestra pareja si está en crisis? Aun cuando esa crisis pueda amenazarnos?
Acompañar la incertidumbre a la que nos somete la crisis de nuestra pareja; no es un acto de amor?
—-
Si pensas que la historia puede ayudar, compartila.
Si queres contarme con fotos o sin ellas, hacelo a jotateuno@gmail.com O en forma anónima ingresando en “contacto”
La ilustración es de @whiterabbitarte

Deja tu comentario