20
Oct
2011
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Abandonar el personaje para saber quién es uno

Abandonar el personaje para saber quién es uno

Rodrigo caminaba al sanatorio a visitar a un familiar accidentado, cuando se encontró con su madre yendo al mismo lugar. En el trayecto pasaron frente a la facultad de abogacía, de la cual ella era egresada. El imponente pórtico exhibía cinco bustos de próceres del derecho. Rodrigo identificó sólo a dos, y le preguntó a su madre quiénes eran los otros tres. Ella negó conocerlos excepto al último, supuestamente el padre de la profesión que había ejercido durante 50 años.

Movido por la curiosidad, Rodrigo quiso averiguar a qué siglo pertenecía aquella profesión. La destemplada y negativa respuesta de su madre lo llevó a realizar la pregunta inconveniente: -“Alguna vez te interesó la abogacía?”

-“Nunca”, fue la tajante respuesta de su madre, sin que mediara un instante de reflexión. Rodrigo sintió como si le hubieran pegado con un mazazo en la cabeza. Y aunque no hubo un acuerdo explícito, de ahí en más ambos caminaron en silencio.

¿Cómo se podía vivir así, toda una vida ? ¿Qué se hacía con el corazón?, fueron las primeras preguntas que irrumpieron en el interior de Rodrigo. Una ola de emociones recorrió su alma. Pensó en su pobre madre, viviendo una vida que no había querido nunca. Una cosa era tener dificultades en concretar los sueños, y otra muy distinta era dedicarse medio siglo a hacer algo que no le gustaba.  Sintió una gran compasión por ella.

Reflexionó en toda la frustración que aquella mujer debió haber experimentado a lo largo de su vida, y en la que le habría transmitido a él. No era posible que alguien tan contrariado no expresara esos sentimientos por todos lados. La compasión que antes sentía por su madre se transformó en enojo, por haberlo expuesto a tanta toxicidad.

Sin proponérselo, comprendió su propia e incandescente insatisfacción. Aquél sentimiento de que nunca le alcanzaba nada, empezaba a mostrar su origen. Después de todo; ¿cómo sería posible sentirse satisfecho si la mirada materna que tuvo toda su vida, fue la de una persona tan frustrada? Probablemente él mismo hubiera desarrollado una  fuerte desconexión con sus emociones. Y ¿cómo alguien que no registraba lo que sentía, podría estar contento con lo que hacía? ¿Sería posible ser feliz sin saber lo que se quería? Ese parecía ser el paso fundamental de cualquier vida fecunda. Después vendría la ardua tarea de ver qué era capaz de hacer uno, y qué cosas excederían los propios límites. Pero la piedra angular era averiguar quién era uno y qué quería.

Rodrigo se dio cuenta que se había pasado la vida incómodo. Como si todo hubiera sido una gran actuación. Había simulado ser un hijo de puta para no parecer un boludo. Se había desesperado por mostrarse inteligente para no pasar desapercibido. Y había sido muy agresivo para que no lo vieran como un cagón.

Se preguntó cómo era él, al margen de que cómo tenía que ser. Dolorosamente no supo qué contestarse. Repasando aquellas clasificaciones tuvo que aceptar que no era un hijo de puta, sino más bien una buena persona. ¿Por qué entonces habría gastado tanta energía en simularlo? ¿Para no ser un boludo? ¿Y qué era ser un boludo? ¿Alguien demasiado bueno, al que nadie respetaba? Entendió que de lo que en verdad se trataba era más bien de ser “vivo”, astuto, acaso embaucador. Definitivamente él se sentía honesto, aunque casi estuviera obligado a ser tramposo. Cuánta contradicción entre lo que realmente era, y lo que debía ser. Tenía demasiados desprecios encima, y necesitaba valorizarse. Debía ser listo. Como los demás. ¿Quiénes?

Indagando en las otras calificaciones que se había atribuído, se reconoció inteligente. Entonces, ¿para qué tratar de sobreactuarlo? ¿Por la necesidad de impresionar a los demás? ¿Por temor a que alguien no se diera cuenta de lo importante que él era? ¿Cuál era su verdadera preocupación si en el fondo sabía que era lúcido? ¿Sería el temor a no ser reconocido? Agazapada tras aquellos mandatos olfatéo la imagen de su madre.

El abismo de preguntas parecía no tener fin. Recordó sus recurrentes actitudes agresivas. Siempre impostadas, como una forma de inventarse una reputación de valiente, cuando en el fondo de su alma se moría de miedo. Muchas, demasiadas veces se había sentido un cobarde. Con dolor tuvo que reconocer que él no era audaz. Se preguntó qué sería ser valiente. ¿Quiénes lo eran? ¿Los de las películas? Cayó en la cuenta de lo errada que estaba esa mirada. Toda su vida había creído que la valentía era no sentir miedo. Bajo esa definición, él era un cobarde irrecuperable pero todas las personas también lo serían. Se sinceró asumiendo que no era un héroe, pero tampoco alguien a quien los miedos lo paralizaran.

Un primer milagro se produjo cuando tuvo que admitir que había sentido miedo toda su vida.

¿Eso estaba mal? Una ráfaga de compasión le atravesó el corazón. Con alguna madurez que le daban sus 45 años, supo que sentir miedo no estaba mal. Que era lo normal. ¿Por qué entonces lo habría negado toda su vida? ¿Con la esperanza que al ignorarlo se convirtiera en el más valiente? Íntimamente supo que eso era lo que pretendía.

Sin embargo, no pudo negar que habían pasado más de 30 años y las simulaciones no habían producido los resultados esperados. En el fondo de su alma, vivía aterrorizado. Comprendió que ser valiente no era no sentir miedo, sino más bien poder seguir adelante pese a sentirlo.

Se sintió más seguro; de ahora en más no tenía tanto que sostener.

Por primera vez en su vida se dio cuenta por sí mismo que de verdad él era valioso.  Y que al personaje que había construido con la obsesión de un artesano era mejor empezar a abandonarlo.

Artículo de Juan Tonelli: Abandonar el personaje para saber quién es uno.

9 Respuestas

  1. Rodrigo

    Hola, queria felicitar por la publicacion es excelente. Y ya comensando con el nombre del personaje, cadad detalle parecia que narraba mi historia…

    Muchas gracias por abrir un poco mis ojos!

  2. Gracias Rodrigo! Y en realidad, se trataba de Juan… Bah, de tantos, que tenemos los problemas que vienen haciendo sufrir al hombre desde que existen registros!
    Alejandro Rozitchner dice “no tenemos problemas porque somos estúpidos; tenemos problemas porque es lo normal. Los problemas son parte de la realidad…”

    Y yo le agregaría que por lo general, son siempre los mismos!

    Un abrazo!

  3. Rodrigo

    Gracias por responder Juan.

    Muy cierto “los problemas son normal y siempre los mismos”

    Gracias! un Saludo.

  4. Caro

    Si no fuera Rodrigo, o Juan. Y si su madre no fuera abogada sino arquitecta, bien podría ser mi historia, la de Caro… Con una madre que no ejerció su profesión porque ante el primer traspié creyó que era demasiado y se bajó.
    Recién ahora, que ya pasé los 40, empiezo a entender que hay que seguir adelante. Estoy escuchando una canción que dice: “Hay que dejar de pensar, tenes que vivir en base a las cosas que te hacen vibrar”. Y en eso estoy, con todo mi miedo a cuestas, con toda mi valentía también. Y soy tanto más feliz! Gracias por compartir tu texto, mi texto.

  5. karina

    Muy cierto! de una manera u otra, todos tenemos algo de Rodrigo! Lo difícil es poder encontrar esa nota que nos despierta, y nos permite vivir! Gracias Juan por contribuir en esta ardua tarea…

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