31
May
2015
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Mentime que me gusta

-Me cuesta muchísimo hablar esto con mi marido.

-¿Por qué?, -preguntó el Maestro.

-No sé. Tengo culpa, miedo…

-¿Sentís que tenés compulsión con las compras?

-No; no me siento compulsiva. Pero me preocupa ocultárselo.

-¿Y qué te lleva a no poder hablarlo?

-Tengo miedo…

-Es natural que tengas sensibilidad con el tema. Los seres humanos tenemos temor de que no nos quieran, o a ser rechazados. Pero; ¿vos ganás buen dinero, no?

-Sí, más que él…

-Y entonces; ¿por qué te sentís mal?

-El hecho de que gaste mi dinero no es el tema; el problema es el secreto. La infidelidad financiera, como lo llaman ahora…

-Algunas investigaciones neurológicas sostienen que la capacidad de engaño es el rasgo más distintivo de la especie humana. Lo relacionan con el desarrollo de la corteza prefrontal y la inteligencia.

-¿Me estás diciendo que soy muy inteligente?, -dijo la discípula entre risas.

-Más bien te diría que sos muy humana. ¿Qué creés que piensa tu marido al respecto?

-No lo sé. Es difícil acercarnos al tema.

-¿Por qué?

-Él es más ahorrativo, ordenado, y no le gusta que gaste tanto dinero.

-También podría ser que quiere tener el control. Y si bien el orden es algo central para aspirar a una buena vida, con frecuencia detrás del anhelo de control se esconde una mirada infantil: pretender que el mundo se ajuste a nuestros deseos.

-Debe haber un poco de ambas cosas. Y se pone muy nervioso…

-Es que él lo sabe.

-¿Qué cosa?

-Tus gastos ocultos.

-¿Cómo sabés?

-Porque esas cosas se perciben. Estamos hablando de infidelidad financiera -¿así me dijiste que se llamaba, no?-, pero no es distinta de la infidelidad tradicional…

-A ver…

-Todas las personas perciben cosas que ni siquiera son conscientes que perciben. Sin embargo, esas verdades que están presentes pero no son nombradas tienen un efecto perturbador. Todos sentimos cuando hay algo oculto. Es común que no lo podamos poner en palabras, pero eso no quita que la molestia exista.

-¿Y entonces?

-Él elige hacer como si nada; fingir ingenuidad. Y también deber tener miedo al conflicto: aunque de alguna manera lo sabe, hace como si esa realidad no existiera. El asunto es que son justamente esas realidades ocultas las que nos generan más problemas, muchas veces de salud.

-¿Qué me decís que haga?, -preguntó la discípula bastante contrariada.

-Lo que definitivamente no te diría que hicieras son los típicos consejos de autoayuda: hacer un fondo común para gustos de cada uno; evitar gastos impulsivos y dejar pasar un día antes de comprar algo que te encantó para ver si lo necesitabas o no…y todas esas recomendaciones conductistas que nunca van al fondo del problema.

-Y entonces…

-Exploraría cuáles son los obstáculos que tengo para hablar. Qué miedos siento, cuáles son temores exagerados y cuáles son dificultades propias de tu marido.

-Siento miedo.

-Te entiendo perfecto. Así somos los seres humanos. Por otra parte, y más allá de la enorme capacidad de engaño que nos caracteriza como especie, a la hora de pretender que en una pareja exista una sinceridad total, hay que ir muy despacio.

-¿Por qué?

-Porque la especie humana es muy contradictoria, sensible, vulnerable. Preferimos aferrarnos a nuestro mundo imaginario antes que aceptar a la realidad. ¿Qué pensas que ocurriría si la infidelidad financiera no fuera posible?

-Habría menos engaño…

-No. Habría muchísimos más divorcios y separaciones! El hilo siempre se corta por el lugar más delgado.

-¿Vos decís?

-No tengo dudas. Algunos historiadores cuentan que en la época de Moisés estaba prohibido el divorcio. ¿Y sabés cuál era la solución?

-No…

-Los hombres mataban a sus esposas para poder estar con otra mujer. Como no estaba permitido enamorarse de otra persona, y mucho menos dejar a la pareja de uno para formar una nueva, eliminaban al “problema” del medio.

-Una solución muy humanitaria…

-Muy humana, diría. Cuentan que a la luz de tantos asesinatos, no hubo más remedio que habilitar el divorcio.

-El mal menor…

-Tal vez ni siquiera era un mal. O para decirlo con más precisión, enamorarse de otra persona cuando uno está en pareja, es parte de la vida. ¿A quién no le ha pasado?

La discípula escuchaba algo perpleja. -Pero enamorarnos de otra persona no implica que nos vayamos con ella, -dijo a modo de defensa, y ratificando involuntariamente el hecho de que los seres humanos solían enamorarse de otra persona estando casados.

-Por supuesto. Pero el tema importante es la dificultad del ser humano de darle cabida a conductas que son inherentes a la existencia. Por lo general, como no nos gustan o amenazan ciertas seguridades, las combatimos o las negamos. Y al final, todo es mucho peor. Como no me puedo casar con otra mujer, termino asesinando a mi actual pareja para poder hacerlo.

-Qué difícil…

-¿Tenés ahorros que desconoce tu marido?

La discípula se sonrojó.

-¿Por qué te avergonzás?

-Porque sé que está mal…

-¿Y por qué lo hacés?

-Porque yo gano más que él y….

-Y además de ser injusto, ¿qué?…

-Tengo miedo de que un día nos separemos y necesite el dinero.

-¿Estás mal con tu marido?

-No; pero sé que nada es eterno, y que por más sólidos que seamos, todo puede derrumbarse.

-Tu explicación de porqué ahorrás dinero sin que tu marido lo sepa es razonable y consistente.

-Pero no me siento cómoda… No me gusta tener secretos con él. Es una situación muy contradictoria.

-La idea de poder compartir toda la información con la pareja de uno, es otra idea romántica e idealizada. En general no se puede. Las personas no toleran o prefieren no enterarse de ciertas verdades. A su vez, tienen miedo de plantear ciertos temas que pueden ser muy difíciles.

-¿Y qué se hace?

-Evitar que el perfeccionismo noS destruya.

-¿Cuál sería el perfeccionismo?

-Exigirnos ser capaces de decir toda la verdad. O pensar que podemos escuchar toda la verdad…

-Yo me siento capaz de conocer toda la verdad!

-Eso no es cierto. Si te pusieras a pensar las posibles consecuencias de tus reacciones a ciertas verdades, seguramente preferirías no saber.

-¿A qué te referís?

-A nada puntual. Por más que lo común sea asociarlo a la infidelidad sexual -ojos que no ven corazón que no siente-, lo cierto es que aplica a todos los principales temas de la vida. Si supieras que tu marido tiene cuentas o inversiones secretas, serías más compasiva porque es tu propio pecado. ¿Pero qué pasaría si él estuviera explorando en este momento alguna relación homosexual? ¿Serías comprensiva? ¿O si fuera un exitoso ejecutivo que resulta que gana millones de dólares producto de sobornos? ¿Lo tolerarías? ¿Sería por conveniencia o por amor? Y si el tema te implica mucho a vos; ¿preferirías que lo transite y resuelva él solo, o estar a su lado aunque puedas salir mal herida?

 Ella escuchaba en silencio.

-En general -continuó el Maestro-, exigimos que nos comprendan a nosotros pero tenemos importantes dificultades para comprender a los demás. Solo lo hacemos en cuanto el tema no nos implica, o por el contrario, padecemos el mismo problema.

-¿Reivindicás la mentira?, preguntó la discípula con tono lacónico.

-En lo más mínimo, -dijo el Maestro con firmeza. Solo que moverse en dirección a la verdad, lleva toda la vida. En el mejor de los casos…

-¿Estás diciendo que en muchos casos las personas ni siquiera se mueven en dirección a la verdad?

-Eso mismo.

-¿Por qué?

-Evitamos la verdad porque nos resulta intolerable aquello que amenaza -o destruye- nuestras seguridades, ilusiones, fantasías. Lo paradojal es que la consecuencia de no caminar hacia la verdad es terrible. Si uno está casado con alguien muy corrupto, o adicto al sexo, solo hay una cosa que debiera evitar…

-¿Cuál?

-No querer verlo tal cual es. Es mucho mejor conocer y comprender al otro, o inclusive separarse, que hacer como si nada pasara. Ahí no hay crecimiento, solo hay una vida infantil.

-¿Por qué?

-Porque es una vida que supedita la alegría a sus juguetes. Y si se los amenazan o quitan, se desconsuela y llora.

-Me deprimí…-dijo la discípula riéndose.

-Crecer duele, pero vale la pena.

Artículo de Juan Tonelli: Mentime que me gusta.

¿Cuánta verdad creés que quieren escuchar las personas?

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8 Respuestas

  1. liliana

    Me encanto!!!!! buenísimo análisis!!!!!, “infidelidad financiera”, creo, que todas las mujeres lo hacemos!!!!!gastamos mucho más en ponernos lindas…….lo peor, es que yo lo hago y no tengo ninguna culpa…jajjajaja!!!!!!

  2. Ronel

    Personalmente creo que el tema de la infidelidad dbeeira ser tratado entre la pareja de manera seria y firme.Yo, casada durante me1s af1os de los que debeda haberlo estado, sufred en mis carnes la desazf3n, la frustracif3n y el desconsuelo de sucesivas y repetitivas infidelidades.Porque, a mi me ensef1aron que la fidelidad fedsica es lo que era importante de veras. Hoy, casi cinco af1os despue9s de comenzar a trabajar como escort, despue9s de que mi vida, tal y como yo la habeda concebido se fuera al traste, despue9s de tantos cambios que afan me depara la vida, cuando yo creeda que ya estaba resuelta, opino de manera muy distinta. Ni mejor ni peor. Diferente. Me1s real creo yo. Las cosas ocurren, las ganas se presentan y las oportunidades las pintan calvas.Prefiero mil veces que mi pareja me cuente que alguien le atrae y que le gusta, jugar con ello, compartir la fantaseda, lo mismo que si oc urre al reve9s y soy yo quien fantasea.La fidelidad fedsica no es tan importante como la complicidad en la pareja y la lealtad hacia ella. La sinceridad no es – lo hice y me callo, luego, no ha pasado nada – si no fantasear con ella antes de que pudiera llegar a suceder, jugar, querer compartir la fantaseda de nuestras parejas.Abrir la mente y saber diferenciar con objetividad la fidelidad de la lealtad.Es un tema complejo y que hiere sensibilidades ased que, como siempre, esto es sf3lo mi opinif3n, de la verdad absoluta nada se9.BesosPdta: Me alegra verte de nuevo Alejandra, un lujo y un placer!

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