28
Dic
2014
1
Existo aunque no me perciban

Existo aunque no me perciban

“- No puedo evitar sentirme ofendida. Sola. Invisible.” La mujer escuchó las palabras de Angie con ternura. ¿Cómo no comprenderla?

Angie tenía un buen matrimonio con un destacado empresario. Hija menor de una familia, se había pasado su infancia viendo cómo sus hermanos eran los importantes. La primogénita se llevaba todas las miradas familiares. El hermano siguiente padecía los conflictos típicos de ser el hijo del medio. Y ella, aún siendo la favorita de sus padres por ser la menor, tenía serias dificultades para hacerse un lugar.

En la mesa familiar, la prioridad absoluta de la palabra la tenía su hermana mayor. Toda la familia escuchaba asombrada sus relatos, siendo el centro de todo. El hermano del medio, a veces podía interrumpir aquella hegemonía con grandes esfuerzos. Y aún así, se exponía a que su padre le dijera: “-dejá que tu hermana termine de hablar; no la interrumpas, así nos podemos escuchar todos.” Lo cierto es que mas allá de la buena intención paterna, la primogénita no terminaba nunca y el pobre hermano del medio se quedaba esperando un turno que nunca llegaba.

En ese contexto, las posibilidades de Angie de expresarse y ser mirada, eran prácticamente nulas. Si bien era querida y mimada por todos, no había mucho lugar para que registraran que ella estaba ahí, que era un ser vivo igual que los demás.

Minutos después de sentados a la mesa familiar y que su hermana se apropiara del centro del escenario, ya tenía ganas de irse. Un poco, porque los temas de la conversación no eran los que más le interesaban.

Pero principalmente, porque su inconsciente no toleraba sentirse como si no existiera, como si fuera una jarra, un cuadro, o una planta.

Así las cosas, pedía permiso para ir al baño a su abuelo paterno y se retiraba por largos ratos en donde la imaginación y sus diálogos consigo misma le devolvían un lugar de protagonismo. Encerrada en el toilette, la vida volvía a ser interesante y maravillosa, dejando atrás aunque fuera por pocos instantes, el rol de observadora pasiva que la dinámica familiar le asignaba.

Sin proponérselo, con los años encontró un mecanismo que le permitía hacerse un lugar de respeto dentro de la familia. Brillar en la música y en el colegio le posibilitaba que sus familiares la reconocieran y valoraran. Aun cuando esa valoración no fuera tanto hacia ella como persona, sino que le era útil a sus familiares para vanagloriarse,

para Angie era mejor una invocación interesada que sentir que no existía.

Se sentía identificada con aquella síntesis perfecta de Marilyn Monroe: “-aman a Marilyn pero no me ven a mí; ni siquiera me conocen…” En el caso de la actriz estadounidense se podía conjeturar que ambas partes eran cómplices de la situación, siendo evidente que la rubia había sido devorada por el personaje que ella misma había construido. La situación de Angie era bien distinta dado que no había creado ningún personaje, sino que transitaba por los periféricos márgenes que la realidad le dejaba

Sin embargo, con los años había seguido el mismo derrotero que Marilyn intentando ser valorada y reconocida a fuerza de logros. Toda una vida de esfuerzos para sentir que existía. Muchas veces se preguntaba a sí misma si ella sería real. Demasiadas veces sentía que si dejaba de esforzarse dejaría de tener identidad, dejaría de ser.

Después de algunos amoríos de juventud, había conocido a Andrés, su marido.Él era un talentoso empresario devenido en uno de los íconos de la innovación. En muchos ámbitos era reconocido como si fuera una estrella de rock.

La vida, que tiende a repetir las situaciones hasta que las personas sean capaces de aprender la lección, volvía a colocar a Angie en el mismo lugar.

Lo que al principio había resultado interesante dado que todo el mundo quería conocer a esa mujer que le había roto el corazón al genial empresario, migró rápidamente en la misma situación que aquella mesa familiar donde todos la ignoraban. En cuestión de meses, mucha de la gente que lo saludaba a él no tenía ni la delicadeza mínima de hacer lo mismo con ella. Dialogaban con su marido omitiendo que a su lado había un ser vivo, que era justamente ella.

Los cócteles, recepciones y cenas eran experiencias difíciles para Angie . Todas las personas hacían el besamanos a su marido, y ella estaba ahí, pintada como un cuadro de Picasso. No le importaba a nadie. De vez en cuando había algún reconocimiento mínimo que era pura formalidad, o también algún oportunista que podía considerarla una buena llave de acceso a su marido. Nada más.

Con treinta siete años, no podía ir nuevamente al baño para crearse su propio mundo de fantasía en el que dejaba de ser de piedra y se convertía en una protagonista de carne y hueso. Entre las pocas opciones posibles, la más razonable le resultaba irse a otro lugar del cóctel y pedirse un trago, intentando conversar con quien pudiera. Tal vez la saludaran por ser “la mujer de”. Tal vez alguien quisiera levantársela, al verla atractiva y madura. Esta última fantasía, para Angie era sólo un analgésico temporal a su sentimiento de falta de valor, ya que bajo ningún motivo se permitía tener una aventura.

En las comidas la situación era bastante más compleja. Definitivamente no podía retirarse de una mesa de seis u ocho personas en la que encima, eran los agasajados. Y si bien asistía contenta y muchas veces escuchaba conversaciones interesantes, le costaba mucho participar.

Un poco, porque había sido callada tantas veces en su vida, que no llegaba a arrancar, pensando que sería nuevamente desautorizada o simplemente ignorada. Pero también,  dado que por lo general, todos querían escuchar a su marido y no quedaba ningún espacio. Algunos con algo más de delicadeza guardaban las formas; otros en cambio, la ignoraban de tal forma que ella volvía a preguntarse si existiría.

Durante otra recepción en la que trataba de sobrevivir emocionalmente, y mientras esperaba un trago, cruzó unas palabras con otra mujer que estaba en la fila. Minutos después y dos Martinis mediante, le abría su corazón.

“-La verdad es que no sé como salir de este lugar”, continuó Angie. “-Me siento fuera del foco social; como si no existiera.”

La mujer escuchaba toda la historia de vida de Angie con compasión. Finalmente, emprendió el camino de intervenir.

“-Es totalmente lógico que no puedas evitar sentirte ofendida. Que te sientas sola e invisible. El tema es que yéndote no te curás…”

Angie levantó la ceja, algo sorprendida.

“- Y sí… Al irte lo único que lográs es un alivio temporal. Pero el problema sigue ahí, esperándote. Y apenas volvés a integrarte, queda en evidencia lo sola que estás. Viviste un pequeño jubileo que como en el caso de la Cenicienta, termina abruptamente cuando son las doce y hay que volver a la vida normal”, completó la mujer.

Angie estaba conmovida por sentirse muy identificada con lo que escuchaba. “-¿Y cómo se sale?”, balbucéo.

“-Saliendo”, le dijo la mujer con una sonrisa. “Pero ojo que salir no quiere decir escaparse sino todo lo contrario. Es confrontar la situación difícil para poder atravesarla. Es dejar de actuar como un niño para empezar a crecer.”

“-Además, tu marido tampoco tiene una situación mejor”, agregó.

“-¿Por qué lo decís?”, preguntó Angie sin comprender.

“-Porque en el fondo y por más importante que sea, el también está muy solo…”, dijo la mujer con la mirada puesta en el horizonte.

“-Pero si todos quieren estar con él”, retrucó Angie, algo ansiosa.

“-Más que estar con él, quieren estar con lo que él representa”, la corrigió amorosamente.

“-¿Y qué es lo que mi marido representa?”, preguntó Angie, como si fuera una niña ofendida.

“-Tu marido representa a un semi dios al que la gente quiere tener cerca. Sea para hacer un negocio, para que les dé empleo, les resuelva un problema, o lo que sea. Pero nadie lo mira tal cual es, sino que lo registran por lo que pueden llegar a obtener de él. Representa una oportunidad….de uso”, completó en forma lapidaria.

“-¿No será mucho?”, dijo tímidamente Angie.

El silencio de su nueva amiga pareció ratificar lo que ella misma sentía. A su marido tampoco lo querían. Solo les interesaba lo que eventualmente podían obtener de él.

Intuyendo que Angie no querría hablar -una vez más-, de los problemas de su marido, sino de sus propias dificultades, la mujer continuó.

“-Tenés que encontrar la manera de subirte a las conversaciones. Seguramente no te saldrá al principio, pero vos seguirás insistiendo y buscando la forma. Lo único que no podés hacer es quedarte en silencio en un costado. Y tampoco podés descalificarte diciendo que no aprendés más, o que esto no es para vos. Podés y vas aprender”, remató la mujer con una serena convicción.

“-¿ Y sino me sale?”, preguntó Angie entre temerosa y confundida.

“-Si no te sale no importa. Vos no estás acá para lograr cosas sino para crecer. Intentar y arriesgarse es crecer. En cambio, seguir diciéndote que esta es la historia de tu vida, que siempre se repite, que por algo te pasa, que no se puede, te deja en el mismo lugar. Y esa actitud es tan tan poco cierta como creer que va a venir alguien a rescatarte. Esa tarea no le corresponde a tu marido, sino que es tu responsabilidad. Él no está en este mundo para alfombrarte todos tus caminos, sino que sos vos la que se tiene que poner su propio par de zapatillas.”

Angie se pidió otro Martini, y enfiló para el hormiguero que rodeaba a su marido, dispuesta a dejar atrás aquella niña invisible.

Artículo de Juan Tonelli: Existo aunque no me perciban.

¿Solés sentirte como si no existieras, como si fueras invisible?

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Existo aunque no me perciban

5 Respuestas

  1. pablo

    Muchas veces usamos toda nuestra energía en la búsqueda del reconocimiento de la otros y en realidad somos nosotros mismos quien en no nos reconocemos ni nos valoramos.

  2. juan, veo que esta historia es de mas de 1 año atras, sin embargo podria ser de ayer o de mañana…porque esta vigente permanentemente
    yo no pase desapercibida por la vida, porque soy extrovertida y tengo un gran sentido del humor, ademas siempre jugue muy bien el juego de la seduccion…..sin embargo puedo decirte que esto tampoco esta muy bueno porque podes caer en la tentacion, y de hecho cai, de ser el centro de las reuniones, propias y ajenas
    esa necesidad de ser linda, simpatica, inteligente, atractiva, etc etc etc, tal vez tambien sea una forma de disfrazar una tremenda timidez y un sentimiento fatal de creer que si no me destaco, desaparezco
    hoy a mis 65 años me veo tratando de aceptar que ya no soy ni linda, ni atractiva, ni joven, pero aun queda en mi el sentido del humor, y una tenaz busqueda de la verdad y la vida, con lo que tal vez, los años me permitieron ser, sin seducir….tal vez porque ya no puedo…
    narcisista?, insegura? soberbia?
    que se yo juan….jsolo se que tengo que pasar frente a un espejo para darme cuenta que tengo la edad que tengo, porque sigo enamorada del amor y fantaseo permanentemente con ser aquella chica que seducia a hombres y mujeres, aun a costa de no permitir que nadie conozca sus defectos, su fragilidad, sus penas y sus desencantos….
    una historia mas….

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