14
Oct
2013
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El dolor como oportunidad

“- Aceptar las pérdidas es muy difícil. Las dos más duras que tuve fueron la muerte de mi padre y mi separación. Y si bien mi papá fue el tipo más importante de mi vida y falleció cuando yo ya tenía treinta años, que mi marido me dejara me pegó aún más…” dijo Andrea mientras se le quebraba la voz y se le humedecían los ojos.

“- ¿Por qué?”, le preguntó Gabriel, conmovido por la situación.

“-Y, porque es natural que tu padre se muera; es algo que tenía que ser. En cambio, aceptar que mi compañero eligió no elegirme es terrible. Aún no lo puedo superar. Es sentirme descartada, no elegida, el desamor.”

Gabriel le dio un abrazo fuerte a Andrea, sumido en un profundo silencio. ¿Qué podía decirle? A veces, los dolores de la vida eran tan agudos que lo mejor era acompañarlos en silencio, porque las palabras solo generaban ruido y distancia.

Sin soltar ese abrazo largo y compasivo en el que estaban fundidos, Gabriel reflexionó en los riesgos de la libertad. A Andrea le dolía más la pérdida por elección que la pérdida no elegida. ¿Por qué sería, si lo central era que ambas eran pérdidas? ¿La habitual arrogancia humana de creer que una era evitable en cambio la otra no? ¿Pero era cierto?

Gabriel se enfrentó nuevamente a esa pregunta acerca de qué es lo que se podía modificar y qué no. Separarse de una persona; ¿era una decisión, o la sincera manifestación de algo irremediable que había pasado y por lo cual ya no era veraz seguir juntos? ¿Y hasta qué punto ese suceso era elegido? Todo parecía indicar que lo único que se elegía era ser coherente con un interior que se había transformado y no podía continuar con esa pareja en los mismos términos que habían conocido hasta entonces.

Si la libertad no era poder hacer lo que uno quería, sino más bien, decidir cómo reaccionar frente a los sucesos que nos enfrentaba la vida; ¿elegir dejar de elegir a una pareja no era otra cosa que sincerar una situación interior y anterior? ¿Por qué podía ser tan doloroso e inaceptable para el que dejaba de ser elegido?

¿Acaso era más fácil dejar que ser dejado?

Gabriel recordó investigaciones que demostraban que el stress de un jefe de tener que despedir a un subordinado era muy superior al de la persona que era despedida. El que tomaba la decisión tenía 500% más de chances de padecer un infarto que el que recibía la mala noticia.

Sin proponérselo, se encontró preguntándose cuándo habría sufrido más él, si al dejar o al ser dejado. No era una pregunta fácil y no tenía respuesta. Recordó su última separación, en la que él había dejado a su mujer después de doce años juntos y varios hijos. ¿Había elegido no elegirla? ¿O simplemente, había sucedido y él no había tenido más remedio que sincerar la situación?

Recordó los mares que había llorado cada vez que no pudo darle a su entonces mujer, la alegría de volver con ella. De salvar esa pareja que había sido tan compinche.

Justo había tenido que frustrar y decepcionar a la persona que más había amado en su vida. No había podido evitarlo.

Aún algunos años después, cuando su ex pudo decir explícitamente que ella quería recuperar a su familia, Gabriel sintió que se le partía el corazón. Estaba claro que él era el único obstáculo para que eso ocurriera y sin embargo, no podía. Es decir, hubiera podido hacerlo pero como una orden de la mente sin sustento real en el corazón. ¿Acaso era porque su mujer era una mala persona, o porque tenía valores o intereses tan diferentes? Asumir que nada de eso era la razón, solo ahondaba sus reflexiones en el misterio de la vida. No había respuestas.

Aún más duro había sido no poder satisfacer a sus hijos, frustrarlos. De distintas maneras, todos habían manifestado su anhelo de que sus papás se arreglaran. La más grande, mudándose al dormitorio de los padres el mismo día de la separación y aclarando que no volvería a su cuarto hasta que su padre regresara. Resignada, varios años después tuvo que retornar a su habitación sin que su padre hubiera vuelto. Al enterarse, su papá había llorado como un niño.

Su hijo más chico no tenía recuerdo de la pareja unida ya que se había separado cuando él tenía tres años. Habiendo crecido un poco y al notar que su madre y su padre eran dos buenas y lindas personas, había tenido una idea genialmente creativa: proponerle a su papá que su pusiera de novio con aquella mujer tan maravillosa que era su mamá. Gabriel no se quebró pero apenas si pudo sostenerse luego de escuchar semejante propuesta que su hijo le hacía con la candidez de los cinco años.

Volviendo con Andrea y mirándola a los ojos, optó por contarle todo esto con la esperanza de que ella pudiera modular su propio dolor. Tal vez siguiera sin encontrarle el sentido, pero al menos podría incorporar otra perspectiva. No sentirse tan sola, tan descartable, tan sin valor.

“-Aunque mi ex no lo entienda ni me crea, yo siento que nadie fue. O que fuimos todos. Y no es una excusa para no responsabilizarme sino para tener una mirada más realista del proceso.  Lo que nos llevó a estar juntos no puede ser muy racionalizado, del mismo modo que tampoco puede ser muy comprendida la separación. O sea, uno puede razonarla, manejar hipótesis y hasta certezas. Pero aun así todo es muy incompleto. Nada de esos análisis pueden incluir a la vida en su totalidad”.

“-Dejar a quien fue nuestro amor, es terriblemente doloroso. No poder consolarlo, sentir que lo frustramos, lo decepcionamos”.

“-Y ni te cuento con los hijos. Uno se siente egoísta y miserable. Pero simultáneamente, pareciera que es el precio a pagar por una vida veraz”.

Al empatizar con todo el sufrimiento que manifestaba Gabriel, Andrea se corrió de su propio dolor. Pensó en su ex, preguntándose si habría pasado un proceso parecido. Su desasosiego sólo era insoportable si no podía correrse de sí misma. Cuando ella era el centro del universo. El registrar que su ex podía haber sufrido mucho y tal vez hasta siguiera sufriendo, la consoló. No porque le deseara el mal, sino por dejaba de sentirse tan sola y tan desechable. Y también porque al ser compasiva como lo estaba siendo con Gabriel en aquél momento, le llenaba el alma.

Como si su corazón al llenarse de amor por alguien que sufría, empujara afuera su propio dolor. Y tal vez ese fuera el camino de la felicidad. Encontrarse con el prójimo. Recibirlo como era, acompañar su dolor en silencio, darse. Dejar de ser el centro del universo,  ofrecer el propio corazón para escuchar, percibir, latir en sintonía. ¿Ese no era el paraíso?

Artículo de Juan Tonelli:  El dolor como oportunidad.

¿Cuándo sufriste más?

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18 Respuestas

  1. Diego G.

    Cuando una pareja rompe su relación no lo hace generalmente sin dolor. Cualquier rompimiento implica abandonar cosas de nuestra vida, dejar atrás un pasado y reconocer alguna clase de equivocación por parte nuestra. Es inevitable, incluso, sentir cierta sensación de fracaso y hasta de desolación. Como los personajes de la historia de hoy, tanto Andrea como Gabriel traen distintas experiencias, pero igualdad en las emociones. Es parte de un proceso natural del Ser humano, que aunque difícil, es posible sobrellevar. Muchas veces escuchamos, “El tiempo cura las heridas”, y no frase tan cierta y no solo en situaciones amorosas sino, en otras cuestiones de vida, para que esto se cumpla, solo debemos entender que aún respiramos y que merece la pena seguir viviendo.
    Creer que una ruptura amorosa se concreta fácilmente es una ilusión. Siempre hay un desgarramiento, por eso cuesta tanto concretarla y por eso, aunque esto no se dé por igual en ambos miembros de la pareja, se sufre tanto.
    Aún en los casos en que ese rompimiento sea para bien, una separación no se logra así como así. Y esto pese a la madurez que puedan tener los involucrados. Por eso después de la separación quedan dos caminos: hundirnos en el dolor y no salir de allí, como le ha sucedido a Andrea o recomponer la fe e iniciar una vida nueva, como le ha sucedido a Gabriel. Pese a las diferencias de género, el varón y la mujer llegan a sufrir con la misma intensidad. El dolor, en asuntos de fracasos amorosos, no es privativo de lo femenino o de lo masculino.
    Una persona que haya sido abandonada abrupta y sorpresivamente por su pareja, como le pasó a Andrea, es natural que quede sumida en la soledad y el agobio; si intenta negarlo, lo más seguro es que caiga en el escapismo. Probablemente buscará aturdirse, ya sea en la búsqueda compulsiva de nuevos amores, de amistades indiscriminadas o de paseos sin ton ni son. Quizás encuentre un fugaz consuelo, aunque esos sustitutos serán de corto alcance y no la ayudarán a salir de la depresión.
    La otra posibilidad es que se hunda en la angustia y que todo se le vuelva sombrío y sin salida. En estos casos, esas personas pierden la autoestima, y creen que el amor quedó vedado para ellas definitivamente, que nadie las volverá a querer. ¡Hasta tienen miedo de enamorarse por temor a sufrir otra decepción! Han sufrido una pérdida y han quedado bloqueadas, fijadas a la experiencia dolorosa. Pero el momento de inflexión existe, y es allí cuando surge la posibilidad de un cambio. Cumplida la etapa de duelo y una vez que esa persona ha podido asumir y elaborar las frustraciones sin tratar de negarlas, recobrará fuerzas, volverá a energizarse, y buscará la luz. No borrará al pasado, pues el pasado no se puede borrar ni es saludable querer hacerlo, pero lo dejará atrás y no le impedirá mirar hacia delante, proyectarse en el amor y en la alegría de vivir.
    Me casé a los 25 años de edad, después de 5 años de noviazgo, y a los 28 años abruptamente mi matrimonio se disolvió, pase por emociones similares a la de Andrea, me costó mucho interpretar donde había estado el error. El dolor duro mucho y mereció varias sesiones de Terapia. El punto de inflexión llego cuando mi Terapeuta me dijo que la pareja se compone por dos personas y que cada uno debe asumir un 50% de responsabilidad, fue entonces cuando entendí que “Si sucede conviene” y que a pesar del dolor hay que seguir adelante. Abrí mi mochila, deje a un costado del camino el restante 50% de la Situación, y continué mi camino más ligero de equipaje.
    Muy linda Historia Juan!!! Abrazo enorme

  2. ADRU13

    Chicos lindos desde el alma… me siento muy identificada… me sucedió, 9 años de novios, 18 de casados… la 1ra. fue cuando decidimos separarnos con el padre de mis hijos… recién ahora puedo tratar el tema con tanta naturalidad… en un principio la culpa siempre es del otro… después de 10 años de separados… hoy les puedo contar… que gracias a genios como uds. y la llegada de mi hija, después de 5 años que se había ido a vivir sola… por toda la situación en si!!… ( No caí en la depresión, por el abandono, a quien en tres años no le falle. ( Me mintió). Él no me había elegido a mi, ayer 60 días que decidió irse).. Hoy fuerte, feliz de poder compartirlo y disfrutar de esta nueva etapa… con mis hijos, Ivana, Lucas, (mi yerno9 Matias y sus dos gatitos, Milo y Chule…

    PD: Uds. y Facebook… me dieron el remedio, a la gran terapia, de ver de adentro hacia lo mas bello que es la vida… Gracias Diego.
    Gracias Juan..

    EL TIEMPO ME CURARÁ…
    LO SIGO AMANDO.

    “Cuando un hombre tiene un porqué vivir; soporta cualquier cómo”.
    (Nietzschen)

  3. Cristian

    Esta muy bueno el comentario de Diego. Desde mi humilde opinión quiero decir que uno sabe cuando esta llegando el final en una pareja, que no lo quiera ver es otra cosa. Así y todo es difícil afrontar el dejar o ser dejado, ya que a las personas nos afecta el aprecio que sentimos por nosotros mismos. También creo que se ama verdaderamente una sola vez en la vida, porque aunque uno deje la mochila a un costado, el sentimiento de amar por primera vez no te lo va a sacar nadie. Tampoco significa que uno debe encerrarse en el dolor y dejar que los días pasen hasta nuestro final, sino como con todo dolor hay que aprender a vivir con el.

  4. Cyn

    Juan,
    Dejé…me dejaron…cada situación en su momento me pareció la más dolorosa. Lo importante fue comprender con el tiempo que cuando dos personas crecen de modo diferente, la única opción honesta con el otro y con uno mismo es separarse. En honor a ese amor que alguna vez los ha unido, para que ambos tengan la oportunidad de ser amados por quienes son hoy. No sé si he podido ponerme en el lugar del “dejador” cuando me tocó estar del otro lado…en mi caso, como en el de muchos, a veces uno no lo ve venir…no lo quiere ver…entonces es un dolor de alguna forma imprevisible y agudo. Creo que el “alivio” por darle algún nombre, sobreviene con la certeza de que nos merecemos un amor que nos ame. No que nos salve, nos aguante o simplemente se deje amar. Y eso solo se obtiene cuando dos personas se eligen mutuamente cada dia desde la libertad y la verdad. Genial y profundo como siempre. Abrazo.

  5. juanitapoZoleRia

    es muy duro cuando tu pareja decide dejarte a mi me costo mas de 12 anos superarlo ahora ya puedo decir k todo quedo atras pero fue muy dificil al grado k pense quitarme la vida fue gracias a muchas personas maravillosas k estuvieron a mi lado por es un dolor tan grande dios puso esta pagina en mi camino para terminar de cerrar ese ciclo en mi vida gracias juan por compartir historias bellas p.d.perdon x la ortografia apenas estoy aprendiendo a usar este teclado gracias

  6. Qué duro Juanita! Me alegro que ya estés bien. En el fondo, la historia del ser humano es siempre un largo camino hacia la libertad, hacia la paz. Toma décadas…
    Un abrazo enorme y gracias por escribir.

  7. Mónica

    Cuando decidí separarme, el dolor qué vivimos todos (mi ex marido, mis 3 hijos y yo, sin contar toda la flia) fue muy grande. Postergué durante más de 4 años la decisión y en el *mientras tanto* vivía historias paralelas. Sí, fui infiel y mentí. También me convertí en una adicta al trabajo.
    ………qué pasó, Mónica ? Cómo fue que te decidiste a *dejar de vivir a medias*?
    Recuerdo entonces lo qué leí por acá también ”a veces nuestro cerebro orquesta enfermedades y accidentes para obligarnos a registrar lo que no queremos ver” y así fue como un día cualquiera hace 6 años, saliendo de un almacén y sin siquiera yo registrarlo, me atacó un perro dogo ( aclaro: su dueño lo tenía suelto y gracias a Dios ante el grito de su amo el perro me soltó, después de desgarrarme la mejilla izquierda y parte de la oreja). Tuve que pasar por 3 cirugías posteriormente y aun así, seguía corriendo de un lado al otro como sí nada me hubiese sucedido, hasta qué un buen día me cayó la ficha……… y decidí que quería otra vida para mí.
    Yo digo……que mi vida es un ante y un post dogo. Y siempre, siempre sentí, que por algo el animal me atacó a mí cuando otras personas también estaban ahí, en ése momento. Indudablemente mi alma y mi energía no eran las mejores. Pude ver entonces, que la vida no la tenía asegurada . Pedí ayuda e hice terapia por primera vez a los 43 años y con mucho trabajo, al año… pegué el salto y obviando miedos y mandatos .
    Y acá estoy, andando por el camino elegido, tropezando y levantándome. Abrazo inmenso a todos !! M

  8. Cecilia

    Hola, tengo 39 años, y hace unos 9 meses murieron mis padres con los cuales vivía y para quienes vivía, fallecieron con una semana de diferencia. Tengo 3 hnos, los cuales cada uno tiene su flia o sus hijos, yo estoy sola, me quede sola. hace 2 años, mi pareja me dejo, porque según el me quería demasiado y le daba miedo lo que eso implicaba. Hoy en dia es terrible mi dia a dia, me siento muy sola, y el pensar que mi vida va a ser siempre asi me deprime mucho, no tengo pensamientos de suicidio o nada de eso, Pero si de pensar para que? Porque? Tan mala persona soy, para pasar lo que estoy pasando? Yo creo que no, Se supone que todo tiene un porque en esta vida, yo aun no le encuentro el porque de la mia.

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