26
Jul
2014
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adultos infantiles

Adultos infantiles

“- No estoy enojado…”, dijo Ángel.

“- Eso no es cierto”, lo cortó su amiga Fabiana. “- Estás enojado y te duele. Tenés un reclamo que te ofende y enoja”, completó.

Ángel se quedó pensando. Mas allá de su orgullo y autosuficiencia, ella tenía razón. Él estaba enojado con su mujer. Como su esposa estaba tan ocupada con su propia vida, él había decidido apretar los dientes y seguir para adelante. Confiaba que llegaría a buen puerto, pese a su falta de apoyo. Después de todo, no la necesitaba. Y aunque se dijera a sí mismo que eso no le molestaba, en el fondo, le dolía profundamente.

Ángel estaba convencido que ella podía ayudarlo mucho. Sin embargo, tan exigida por su trabajo, no había lugar para que pudiera ver en qué estaba él, qué necesitaba.

“- Claro”, continuó Fabiana. “- Como para tu familia vos siempre fuiste el que se las arreglaba solito y nunca traía un problema, así seguiste”.

Ángel se sintió tocado. Era una reflexión dolorosamente cierta.

“- En el fondo, aunque te mostrás fuerte y magnánimo, siempre estás esperando desesperadamente que te ayuden.

No pedís ayuda, ni hacés ningún planteo. Transitás todo el camino solo como si no te importara. Pero en lo secreto de tu corazón hasta tenés como un espíritu de revancha. Al lograr lo que te propusiste sin la ayuda de nadie, deseás hacerles ver a los demás que lo hiciste solo. Y empezás por mostrárselo a aquellos más cercanos que te podrían haber ayudado. “

Ángel escuchaba absorto.

“- El tema es que además de estar solo durante el camino, esa modalidad tuya refuerza tu soledad. Porque después de lograr lo que querías, no tenés ninguna chance de compartir ni comulgar con ninguna persona. Sentís que una vez que cruzaste el océano solo vos y tu alma, el premio es solo tuyo. Una vida en soledad. Por no decir una vida de mierda…”, reflexionó Fabiana.

Ángel se sentía desnudo. La descripción que acababa de escuchar no podía ser más exacta.

“- Vos no exigís ni pedís nada, pero secretamente lo esperás. Y te duele. Es entendible; de chico pediste y no te dieron, entonces decidiste nunca más volver a pedir. El tema es que es una modalidad de funcionamiento muy pobre. Estás atrapado en una forma infantil, reclamando lo que no tuviste de niño.”

“- Lo que es peor, tu mujer tiene la misma actitud. ¿Cuándo van a ser adultos?”, disparó Fabiana.

“¿- Qué habría que hacer para serlo?”, preguntó Ángel.

“- Para empezar, dejar de exigirse recíprocamente”, contestó Fabiana. “-Los dos se demandan una incondicionalidad infantil.

Los adultos están cuando se los necesita, dentro de lo que ellos pueden.  La medida nunca es la necesidad del otro, sino la posibilidad de uno. ¿Cómo puede dar uno lo que no tiene?”

“- Algunos dicen que no dar lo que otro necesita es egoísmo. Yo pienso otra cosa; para mí egoísmo es exigir que el otro nos dé lo que necesitamos.”

“- Tu esposa está convencida que otra sería su vida si un tipo tan talentoso como vos la ayudara en su proyecto. Pero un poco porque te ve con otros intereses, y otro poco porque tiene pánico que la rechaces, camina sola. Y tu situación es la misma. Estás convencido que ella podría potenciar mucho tu emprendimiento, pero como la ves en otra sintonía, te limitás a mantenerla informada. Son como vías de un ferrocarril que caminan juntas sin tocarse nunca…”

“- ¿Y qué propondrías?”, fue la pregunta inevitable.

“- En primer lugar, que traten de ver al otro tal cual es. Observen sus intereses, sus características, sus dones, sus limitaciones, sus anhelos, sus miedos.

“- Luego, que entiendan que la misión del otro no es hacer mi vida mejor. Por supuesto que eso es lo que produce el verdadero amor, pero es siempre una consecuencia y nunca un objetivo.”

Ángel estaba pensativo, como si no terminara de entender bien lo que le estaban diciendo.

Fabiana, percibiéndolo, amplió su punto de vista. “- En el fondo, si hay algo que produce el amor real es ayudar a que la otra persona se vaya convirtiendo en lo que verdaderamente es. Que se encuentre, que cada vez sea más sí misma. Sin embargo, uno no puede exigirlo. Mucho menos, demandar que el otro nos dé lo que nosotros creemos que es bueno para nuestra vida. Por lo general, lo que exigimos, es que nos ayuden a materializar nuestras fantasías e ilusiones, con las que estamos convencidos que nuestra vida será más linda.”

“- Y en general, son solo carencias y necesidades infantiles. Infantiles porque se gestaron en nuestra más tierna infancia, e infantiles porque denotan una mirada inmadura de lo que es vivir. Aún cuando las realicemos, nuestra vida no será más plena,” completó Fabiana.

Como la cara de Ángel mostraba que cada vez estaba más perdido, ella decidió continuar.

“- Una cosa son los sueños y otra muy distinta las ilusiones. Los sueños tienen que ver con lo profundo, con nuestra esencia, con nuestros dones. Las ilusiones son imágenes de lo que querríamos ser, convencidos que eso nos haría más felices. Los sueños tienen que ver con hacer crecer nuestra esencia. Las ilusiones tienen que ver con construir algo que no es esencial, que no es auténtico, que en el fondo es un personaje. Y eso nunca nos hará sentir plenos.”

“- Pero el problema es más grande aún, porque las ilusiones son una doble trampa: si las logramos, nos sentiremos vacíos. Pero mientras no las logramos, nos creemos inmensamente desdichados por no poder concretarlas. Aunque no nos animemos a confesárselas ni a nuestra pareja, en el fondo somos como niños que quieren su juguete. Y sino lo consiguen, se encaprichan y enojan.”

“- Por otra parte y al igual que los chicos, si lo consiguen, la alegría les dura un rato, hasta que se dan cuenta que necesitan otro juguete distinto. Y así van por la vida, de juguete en juguete, de berrinche en berrinche. Esa que es una modalidad normal y atendible para una persona con pocos años de vida, es lamentable para un adulto. Y sin embargo, es la más frecuente.”

Ángel estaba deslumbrado con aquellas palabras. Secretamente, él no se quería resignar los juguetes que deseaba.

Fabiana, dispuesta a no dejar piedra sobre piedra, continuó. “- El tema es que esta dinámica hace estragos en las relaciones humanas. La mayoría de las parejas y amistades están compuestas por dos partes que de manera silenciosa o explícita, están tironeando por lo que necesitan. En nombre del amor, ocurren todo tipo de manipulaciones, demandas y exigencias que solo denotan que lo único que en realidad no hay, es amor. Si lo hubiera, habría una mirada compasiva y amorosa, necesidad de ofrecer, ganas de compartir. Nunca exigencia de que el otro haga mejor mi vida.”

“- No me queda muy claro como bajarlo a la práctica”, dijo Ángel dubitativo.

“- El adulto no impone ni exige. Ofrece y toma lo que le ofrecen. Y sino, sigue su camino. Pero no reclama ni tironea. En el fondo, todas esas exigencias son necesidades no satisfechas de la infancia. Pero el otro no está para satisfacérnoslas.

Como decía Fritz Perls: “- No vine a este mundo para satisfacer tus necesidades, así como vos no viniste para satisfacer las mías. Si nos encontramos, será maravilloso; sino, no tiene remedio…”, remató Fabiana.

“- Qué duro ese pensamiento”, soltó Ángel con desilusión.

“- Solo es duro para nuestras fantasías e ilusiones,” dijo Fabiana redoblando la apuesta.

“- Tenemos que aprender que el otro no está para mejorarnos la vida; ya bastante tiene con la suya propia. Con delicadeza, podremos ir creciendo y dando. Pero exigir que nos den nunca resulta.

La violencia es la imposibilidad que puedan coexistir dos deseos diferentes.

“- En síntesis, tu vida no va a ser mejor porque obtengas más cosas de los demás. Nuestra plenitud pasa por averiguar quiénes somos, y alimentar ese ser auténtico para que crezca y se despliegue,” completó Fabiana.

“- Muchas gracias por todo lo que me acabás de ofrecer; espero poder tomarlo,” dijo él con un guiño cómplice.

Artículo de Juan Tonelli: Adultos infantiles.

Adultos infantiles

Aunque te mostrás autosuficiente; ¿Secretamente esperás que los demás te den?

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20 Respuestas

  1. Gracias Marina! Basta con empezar, con mirar y darse cuenta. Después, ir lentamente, con suma delicadeza y autocompasión. Sino, nos destruimos. Un abrazo

  2. Sonia Estela Oviedo

    Todos nacemos con carencias y necesidades,y mas si eso continua durante la infancia es muy doloroso,lo se por propia experiencia,de carencia afectiva,es muy doroso.por que siempre fantaseas con ese dolor,y cuando creces,maduras,recien ahi tomas conciencia de las peores “carencias y necesdades”a veces en una pareja pasan esas cosas por orgullo y egoismo.hay que reconocer que por el unico medio que puede nacer una buena obra,es por el agradecimiento y la humildad del corazon!!!vale mas que pasarnos la vida reclamando!!!valiosisimo aporte sr:Juan Tonelli.lo admirooo!!!

  3. Monica

    que bueno no sentirme como una gota más del océano!.. siempre hay alguien más que tiene el mismo tema por resolver!

  4. Gracias Mónica ! Como decía Aristóteles (y yo pongo de subtítulo de este espacio), “los problemas de los seres humanos son pocos y siempre los mismos…”

  5. Ana maria .

    LEY Y COMPRENDI QUE SOY ADULTO INFANTIL .LO SABIA LO SE PERO ,NUNCA LO HABLE CON NADIE,SABES PORQUE SIEMPRE ME PREOCUPE POR EL OTRO Y NUNCA NADIE SE DIO CUENTA DE MIS NECESIDADES HUMANAS ,NO SUPE LLEVAR MI VIDA ,SIEMPRE EL OTRO ME NECESITABA ,Y NO PODIA CARGARLO CON LO MIO .SOY ADULTO MAYOR Y HOY MAS QUE NUNCA SERIA BUENO ,VACIAR EL CONTENIDO DE MI VIDA.

  6. Gisela

    Casi me largo a llorar de lo conmovida que me sentí… Me identifiqué tanto… Tan real. Gracias! Ahora comprendo mucho mejor.

  7. Maria Marcela

    Me corriste otra cortina Juan,GRACIAS,me espera un larguísimo camino de aprendizaje para sanarme…

  8. Gabriela

    Saliendo de una relación así dos carriles que corrían en paralelo no Unidos. Aprendiendo. Muchas gracias Juan

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