27
Oct
2011
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¿Qué te preocupa?

Souha era una joven cristiana nacida en el Líbano. Por esas fatalidades propias del amor, se enamoró de un musulmán, hecho inaceptable para su familia y su comunidad. Sus hermanos no se lo perdonaron, y tan pronto pudieron lo asesinaron de un balazo en la frente, y si no hicieron lo mismo con ella fue porque la abuela intervino para evitarlo.

De todas formas, la anciana se enojó muchísimo con Souha por haber denigrado a la familia con semejante relación. Pese a su avanzada edad, la vieja poco había aprendido de la imposibilidad de manipular los sentimientos, y de la naturaleza arrasadora del amor. Entre reprimendas y sollozos, la joven le confesó a su abuela que estaba embarazada. Mientras la abuela se indignaba aún más por la deshonra familiar, Souha estaba devastada por haber perdido a su amor y al padre de su futuro hijo, todo en el mismo balazo ejecutado por su hermano.

La abuela, rápida de reflejos, decidió que la joven tendría el hijo pero lo entregaría a otra familia. El objetivo sería poder ir a una ciudad más grande en donde aprender a leer, escribir y estudiar, como único camino para salir de la miseria. Así pasó, y apenas nacido aquél varón, le hicieron tres marcas en el talón para que si algún día la madre lo volvía a ver, pudiera identificarlo.

Tan pronto salió de su panza lo lavaron y se lo pusieron en sus brazos. Souha tenía todo tipo de emociones. Alegría por la vida misma, y porque fuera su hijo. Tristeza porque había nacido huérfano y no tendría la oportunidad de conocer a aquél padre maravilloso. Desolación porque ella había perdido a su amor. Esa primera vez que lo tuvo en brazos fue también la última. ¿Qué sería de la vida de aquél niño? ¿Quién velaría por él? ¿Era justo que el precio para dejar la miseria fuera abandonarlo? ¿Valdría la pena? ¿Se repondría aquel niño de semejante desgarro afectivo, o se convertiría en un monstruo?

En el Líbano de los 70´donde todo era guerra civil y conflicto, Souha tenía dos atributos sumamente contradictorios: era cristiana y a la vez comunista. Mientras los primeros era circunstanciales aliados de Israel contra los musulmanes, los comunistas eran enemigos acérrimos debido a la tradicional alianza judeo norteamericana. Durante sus años en la universidad, Souha fue abrazando la causa nacionalista contra el imperialismo yanki. Inicialmente acompañaba a gente experimentada, y con el correr del tiempo le fueron encomendando tareas de mayor complejidad.

Después de muchos años le dieron un objetivo muy ambicioso: matar al general israelí que estaba al frente de la milicia que controlaba el sur del Líbano. Ella se infiltró en la familia del militar como profesora de aerobics de la mujer, y después de una larga etapa en la que fue ganando confianza, se le presentó la oportunidad de asesinarlo.

Los dos balazos que Souha le disparó a corta distancia, lo hirieron gravemente pero no lo mataron. Inmediatamente, fue arrestada y enviada a la terrible prisión de Khiam. En ese campo de concentración estuvo presa durante 10 años, sin juicio ni mucho menos condena alguna. En ese período fue víctima de todo tipo de torturas y abusos. Como su fortaleza era inmensa, se la pasaba cantando para mantener alta su moral, hecho que motivó que la llamaran “la mujer que canta”.  Y dado que nunca delató a sus compañeros, fue entregada al peor de los torturadores.

El verdugo era un joven de escasa edad. Tal vez eso fuera lo que le permitiría no tener ningún valor ni dimensión de lo que era una vida humana. O tal vez sería producto del propio sufrimiento y desamor que habría padecido. Sin embargo, aquellas hipótesis comprensivas de Souha sobre el torturador, rápidamente se esfumaron cuando él entró en acción.

Inmersiones de la cabeza en el inodoro por varios minutos o picanas eléctricas en los órganos genitales y puntos más sensibles del cuerpo, eran acciones cotidianas que aquél joven diabólico le infringía. Como era inevitable, también la violaba diariamente, a resultas de lo cual Souha quedó embarazada. ¿Algún día podría sanar tanto odio? ¿Podría olvidar aquella cara y aquellos ojos? Parecía imposible. En la medida que el embarazo fue evidente y ante su intransigencia a confesar, el torturador no tuvo más remedio que interrumpir su trabajo.

Pese a las muchas veces que Souha intentó quitarse aquellos hijos y hasta su propia vida, finalmente dio a luz dos gemelos. Gracias al coraje de la partera, en vez de ser asesinados fueron clandestinamente entregados a una familia.

Varios años después la misma comunidad se rebeló contra aquella brutal prisión y obligaron a los guardias a dejar en libertad a todos los presos. Souha pudo escapar y poco tiempo después recuperar a esos hijos engendrados por el torturador.

Más allá de las contradicciones de no poder ver a su primer hijo -único nacido del amor-, y mientras criaba a los gemelos resultantes de una violación, decidió migrar a Canadá y reinventarse una nueva vida para ella y sus dos hijos más chicos.

Estando un día en la piscina del club observó que el talón del bañero tenía las mismas tres marcas que le habían hecho a su bebé primogénito 40 años atrás. Una corriente de electricidad le recorrió el cuerpo. Sintiendo que el corazón le explotaba se dirigió como pudo a la escalera y subió los escalones trastabillando. Se acercó lentamente hacia él y cuando estuvo a un metro, su hijo se dio vuelta.

En otro giro dramático del destino, ella se encontró con la misma mirada que nunca iba a poder borrar de su corazón: la de aquél brutal ser que la había torturado y violado infinitas veces. Él la miró como si la conociera, aunque sin llegar a reconocerla. Souha alegó haberse confundido de persona y luego de excusarse siguió caminando como pudo hasta una reposera.

¿Cómo era posible semejante desgarro en una misma vida? Su único hijo fruto del amor había resultado ser el torturador más brutal y el padre y hermano de sus otros hijos nacidos de alguna de aquellas violaciones. Sin haberlo decidido, Souha nunca más pudo volver a hablar.

Después de algunos años de silencio Souha se murió, aunque dejando un testamento en el que les contaba a sus dos hijos gemelos que contrario a lo que les había dicho siempre, su padre aún estaba vivo, y que además, tenían un hermano del que nunca les había hablado.

Cuando pudieron seguir las pistas y llegar a descubrir la terrible verdad de que su padre y su hermano eran la misma persona, y en las condiciones en que habían sido engendrados, comprendieron por primera vez la grandeza de su madre. Todas las quejas y reproches que habían tenido contra ella en el pasado, se disolvieron en el acto.

Ambos gemelos quedaron shockeados, pero el varón aún mas. Se dio cuenta las estupideces por las que vivía preocupado. La cantidad de temas absolutamente menores que día a día minaban su alegría. Al igual que para la mayoría de la gente, para él la felicidad era tener una linda casa, un buen auto, y una vacaciones en algún lugar paradisíaco. Ser reconocido, exitoso, y preferentemente desarrollar un trabajo que lo apasionara. Se preguntó dónde había quedado aquél decálogo de felicidad en la vida de Souha.

A diferencia de su madre y aún pudiendo hablar, decidió llamarse a silencio y reflexionar qué cosas permitiría que lo preocuparan de ahí en mas.

Artículo de Juan Tonelli: ¿Qué te preocupa?

13 Respuestas

  1. Daiana

    . Ambas tanto la pelicula como el relato son super interesantes y es increible q sea una historia real. Las vueltas de la vida no??

  2. gonzalo

    no PODEEEES contar toda la PELICULA aca!!!!! POR LO MENOS TENE LA DELICADEZA de avisar que es LA PELI!!!! me ca.gaste la peli. genial!!!

  3. Nadina

    Hola, me gustaria saber el nombre de la pelicula que muestra la historia que contaron aca.. Gracias, espero la respuesta. SAludos

  4. Milena

    No podemos comparar el dolor propio con el ajeno, cada cual vive su propio infierno. Que otro/a haya padecido tanto o mas que yo no puede servirme de consuelo ni de resignacion, mas bien aumenta mi dolor por empatia.

  5. Totalmente Milena… Solo que muchas veces nos permite poner nuestra vida en perspectiva. Entender que el dolor es parte de la vida. Que no somos los únicos ni mucho menos, los desgraciados que justo nos viene a pasar esto. Un abrazo

  6. Pingback : Locuras frecuentes que nadie diagnostica (ni mucho menos, trata) | Portal #1 Dominicanos en New York City

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